de de - 00:00 hs
Mendoza

Malargue Fracking Lunes, 13 de Agosto de 2018

Un viaje a la zona cero del fracking

13/08/2018

En la “zona cero del fracking”, al noroeste de Malargüe, la escena parece de ciencia ficción. El piedemonte está teñido del amarillo pálido del secano, que se extiende por kilómetros surcando los suaves vaivenes del terreno; más lejos, la montaña se levanta con su oscuro y uniforme marrón, coronada en lo alto por el blanco de la nieve, que cae como un manto entre los cortes de la piedra. Arriba, las nubes forman una aureola que se desintegra acá, más cerca, en un cielo profundamente celeste. 

Un estrecho camino pedregoso de cinco kilómetros separa la ruta del yacimiento más cercano, ubicado dentro de una subdivisión conocida como Puesto Rojas, dentro del que hay 136 pozos, 21 de ellos activos, y de los cuales 5 serán desde ahora estimulados hídricamente. La boca del primer pozo está sobre un alto levantado en tierra y piedras; a la distancia, parece una isla gris sobre el mar amarillo de la hierba árida. Una caravana de camionetas 4x4 blancas y camiones modernos recorren la tierra permanentemente, dejando un halo de polvo suspendido en el aire.

Arriba, la plataforma se divide en dos. La parte “civil” está delimitada por un estacionamiento y una hilera de varios de los clásicos contenedores petroleros formados en u. Algunos operarios, vestidos con sus mamelucos manchados, entran y salen de sus bases. Adentro hay baños, cocinas y mesas. Todo es funcional, no hay excesos ni elementos innecesarios.

Al lado, el sector “industrial”, al que los terceros no tienen acceso, está circundado por una hilera de cinco camiones rojos, estacionados uno al lado del otro. Sus acoplados son verdaderos laberintos de máquinas, tuberías y motores que emiten ininterrumpidamente un fuerte y grave zumbido. Como su color y los logotipos de la marca informan, todos pertenecen a Halliburton, una empresa de servicios industriales de alta tecnología, subcontradada por El Trébol, y famosa por sus controvertidas operaciones en Irak y su estrecha relación con Dick Cheney, el ex vicepresidente de Estados Unidos durante la era Bush, que antaño fue su Concejero Delegado. Entre los camiones se erige una torre metálica de varios metros de altura, insignia de la fractura hidráulica.

En uno de los contenedores hay una estrecha sala de conferencias forrada en madera. Al fondo, con un proyector en frente, dos empleados de la petrolera El Trébol, la empresa concesionaria, ofrecen un curso acelerado de fracking. El punto está puesto sobre la seguridad. Las fracturas se realizan a 1400 metros de profundidad, explica uno de los técnicos. Y las perforaciones son herméticas; no hay contacto con el agua de las napas. El agua que se usa para fracturar la piedra debajo, repiten ambos varias veces, es de “formación”, de viejos yacimientos y no apta para el consumo. Ha sido rescatada y acumulada por tres meses en enormes piletas impermeabilizadas ubicadas a un kilómetro del pozo. La imagen del proyector muestra mapas detallados del yacimiento; varios colores marcan las diferencias de densidad y profundidad de las reservas.

Miriam Skalani, directora de Protección Ambiental de Mendoza y férrea defensora de la seguridad del método de la fractura hidráulica, camina la escena con desenvoltura. Visita el yacimiento por tercera vez en la semana. Y está convencida. Ante las dudas, repite una y otra vez todas las medidas de protección que están siendo usadas durante el procedimiento. La oposición a la extracción de hidrocarburos, dice, se desvanece cuando llegan los datos; pero reconoce que muchos todavía no conocen lo estricto que es el control que se ejerce. Una fiscalización que, agrega, no puede corromperse: “Tendrías que transar con DPA (Dirección de Protección Ambiental), Irrigación, Municipalidad, universidad. Hay prestigios en juego; el control es cruzado”.

Pasado y futuro

Según datos recientemente difundidos, el año pasado, la Tierra registró los valores de concentración de dióxido de carbono en su atmósfera más altos en 800 mil años; los gases de efecto invernadero están calentando el planeta a un ritmo vertiginoso: los años más calurosos desde que empezaron a registrarse las temperaturas a nivel mundial han sido los últimos cuatro. Europa vive una ola de calor que ha subido la temperatura a 30°C incluso dentro del círculo polar ártico. Un astronauta compartió hace días una imagen del viejo continente tomada desde la Estación Espacial Internacional. “Lo que debería haber sido verde, ahora es todo marrón. Nunca lo había visto así antes", escribió.

Incluso acá, a pasos de la cordillera, hay indicios preocupantes. La temperatura está bien por encima de los 20°C y la nieve en la montaña se ve escasa e insuficiente. Días atrás, en consonancia, el subdelegado de Aguas del Río Atuel, Mario Barbieri, informó que las reservas níveas en la montaña solo alcanzan, hasta el momento, el 40 por ciento de un año promedio, y anticipó meses difíciles.

Aunque la extracción de los hidrocarburos sea segura, el producto terminará en gran parte en la atmósfera, contribuyendo al calentamiento del planeta. Pero el subsecretario de Energía de Mendoza, Emilio Guiñazú, no está preocupado por estos datos. “Argentina tiene una de las matrices energéticas más limpias del mundo”, dice. “Y en Mendoza sí apostamos por las energías renovables; pero este tipo de energía tiene deficiencias que tenemos que solucionar de alguna manera”, sostiene.

La transición, dice Guiñazú, es una escala. “Primero la leña, que es lo más contaminante; después el carbón; el petróleo; el gas; y por último las energías limpias”, explica. “Ahora estamos en la etapa del petróleo al gas”.

Regalías y necesidad

 “Mendoza no puede darse el lujo de desaprovechar sus recursos”. Esta frase se repite con insistencia a orillas del pozo. Las regalías por extracción de recursos naturales representan el tercer ingreso más importante que tiene la Provincia, que todavía, además, necesita de esos fondos para cubrir su déficit fiscal -decreciente, pero aún significativo-, producto de las necesidades y requisitorias de la sociedad. 

Solo el petróleo reportó ingresos al Tesoro por 3500 millones de pesos el año pasado. Mendoza recibe el 9 por ciento del precio de cada barril extraído y, separadamente, todos los impuestos que la actividad genera directa e indirectamente.

En Malargüe, los funcionarios del Gobierno, más que tiranos que buscan vender a sus súbditos al enemigo y sacrificar al pueblo, como sostenía aquel audio célebre, parecen madres intentando convencer a sus hijos de que tomen la medicina, que -aunque fea- es necesaria para sanar y crecer.

En la ruta, los últimos rayos del sol iluminan el piedemonte y hacen brillar la nieve de la montaña. A lo lejos centellan las luces industriales del yacimiento, pequeño ante la inmensidad del cuadro. La naturaleza es generosa.

Seguí leyendo en Malargue