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Mediamañana

A 39 años de la misteriosa desaparición de Oscar Garavaglia, su hermana reafirma su teoría: “Lo mataron”

El adolescente, de 17 años por entonces, se esfumó; lo que siguió fue una nube de intrigas y datos confusos. "El dolor no se hace callo", lamenta Susana Garavaglia.

12-01-2018

Tras un nuevo aniversario, ya han transcurrido 39 años desde la desconcertante desaparición de Oscar Garavaglia, el joven de 17 años que el 12 de enero de 1979 se esfumó sin explicaciones en El Nihuil, distrito al que había acudido con un grupo de amigos para pasar jornadas de campamento y esparcimiento estival. El día en que fue reportada su “pérdida”, él y sus compañeros estaban “cazando piches” en la base del Nevado. Nunca se lo volvió a ver.

A casi cuatro décadas, Susana Garavaglia, hermana de Oscar, reafirma la inmutable búsqueda de la familia por una respuesta y enarbola la teoría que siguen sosteniendo: al joven “lo mataron y lo sacaron”, dice.

Así mismo, señala a los que considera “los cuatro culpables”: Horacio Nardoni, Alfredo Alonso Decarre, Julio Pérez Sierra y Alejandro Vidallet, de los cuales sólo el último vive todavía. Los demás murieron, todos en circunstancias trágicas.

“Muchos dudan de dónde se fue mi hermano. No se fue. No lo secuestró nadie”, argumenta Susana. “Mi hermano es un perdido trucho; no es un perdido de la CONADEP”. El joven, protesta la mujer, nunca se hubiese ido solo; nadie lo hubiese raptado en aquel paraje desolado; y tampoco fue abducido por extraterrestres, como muchos se mofaron.

En cambio, asegura Garavaglia, la desaparición de Oscar tiene todos los tintes de una muerte encubierta. Y una trágica, sucedida, según sus familiares, un día antes de que la presunta pérdida fuera denunciada, y cuyo ocultamiento fue ungido bajo sellada conspiración por quienes estuvieron con él en el campamento. Un pacto de silencio sujetado a fuego.

Susana también deja abierta la posibilidad de que el adolescente haya sido asesinado accidentalmente, e incluso se muestra comprensiva si este hubiese sido el caso. “Si hubiera sido un accidente trágico, vienen con el cuerpo y te dicen: ‘pasó esto’. No iban a quedar con un juicio para toda la vida; no hubieran tenido ese peso”.

Sin embargo, se queja por el secretismo y la “falta de voluntad” que los testigos mantuvieron hasta sus muertes, y la “verdad” que Vidallet todavía guarda en vida. Prefirieron transformar a Oscar “de víctima a victimario”, lamenta la mujer.

Vidallet, dice Susana, incluso interpeló dolorosamente a la madre de Oscar y le lanzó un «Te juro que yo no le hice nada a tu hijo». “Yo”, remarca Garavaglia. “Le dijo yo no le hice nada. ¿Y el resto? Él sabe. Que se apiade de nosotros”.

Susana también tiene duras palabras para quienes investigaron la desaparición de Oscar, proceso que considera nefasto. “Fuimos privados, negados de Justicia”. El primer juez de la causa, relata, mantuvo el secreto de sumario 18 años; el segundo ordenó una reconstrucción tardía y pobre; el tercero montó un “show”. “La Justicia nunca existió”.

Hoy, los Garavaglia todavía buscan la verdad. Los padres de Oscar ya son muy ancianos, pero sus heridas no cierran, confiesa Susana. “Nadie sabe lo que han sido los 31 de diciembre, los 12 de enero… Nada, ningún monto, aunque de muchos ceros, pagaría el dolor. Ni el amor ni el dolor ni el olvido se hacen callo. Están siempre latentes”.

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