Hay gestos políticos que parecen menores, pero cuando se repiten y se sobreactúan terminan diciendo mucho más de lo que aparentan. Uno de ellos fue la llamativa presencia de Omar y Emir Félix en la inauguración de uno de los locales comerciales de la vieja terminal, un predio que pasó meses con locales vacíos, polémicas y más dudas que certezas.
No fue una visita silenciosa ni protocolar. Hubo fotos, publicaciones, repercusión en redes y el habitual eco en medios cercanos al oficialismo. La pregunta quedó flotando casi de manera inevitable: ¿por qué tanta necesidad de mostrar la apertura de un local como si se tratara de un gran hito de gestión?
En Off, algunos leen algo más profundo: la necesidad de empezar a reconstruir el relato alrededor de una obra que, lejos de generar consenso, terminó acumulando cuestionamientos. Después de casi ocho meses con espacios vacíos, de las críticas, de las inundaciones y otros problemas que despertaron controversia, y de la fuerte discusión por la tala de árboles en la zona -que para muchos nunca tuvo una reparación acorde-, la vieja terminal parece necesitar algo más que una inauguración: una lavada de imagen.
Porque si algo quedó claro es que la obra no generó el impacto político que probablemente imaginaron. Para un sector importante de San Rafael, la sensación sigue siendo la misma: mientras persisten problemas de servicios, obras inconclusas, reclamos barriales y el deterioro de distintos sectores, el modelo del "cemento como respuesta" y las "luces LED de colores" ya no entusiasma como antes.
Tal vez por eso ahora cada "persiana que se levanta" se muestra casi como una reivindicación del proyecto. Como si existiera una necesidad de convencer -o convencerse- de que la apuesta finalmente valió la pena.