A pedido de la comunidad educativa de la escuela Iris,el municipio se comprometió a brindar ayuda para que se pueda superar la compleja situación económica y edilicia.
05-04-2017. La institución ubicada en Alsina y Bombal, trabaja en dos turnos con una matrícula de 100 niños con discapacidades y familias de muy bajos recursos. La situación se torna preocupante porque la provincia, desde el mes de noviembre, no abona los subsidios y, si no fuera por aportes solidarios de la gente y la buena administración que hacen las directivas de los pocos fondos que van recaudando, las cuentas ya estarían en rojo.
Ante la falta de esta ayuda, el intendente Emir Félix - acompañado por la concejal Cristina Da Dalt - gestionará ante el gobernador Alfredo Cornejo y las autoridades del área de Desarrollo Social, la normalización de la entrega de fondos.
Ampliación del edificio
Debido al gran crecimiento de la matrícula, las responsables de Iris se han propuesto ampliar el edificio, para que los chicos desarrollen sus actividades en un lugar confortable y acorde a sus discapacidades.
Gracias a aportes privados, rifas y bingos, se logró iniciar la obra, pero los elevados costos de los materiales de construcción complican su continuidad.
Como no hay dinero para pagar a los profesionales, las reparaciones menores como pintura de paredes, puertas y plomería, suelen ser hechas por las maestras del colegio.
"El Intendente los ayudará con un subsidio municipal para que siga la construcción y con material didáctico para la estimulación de los alumnos", señaló Cristina Da Dalt.
"Los chicos son de condición muy humilde, muchos llegan de los distritos acompañados de sus padres, quienes - por la distancia, lo caro del boleto de colectivo, o la falta de frecuencias - pasan largas horas de espera en la institución o haciendo tiempo hasta que suene el timbre de fin de clase", añadió la edil sanrafaelina.
Si bien Iris es considerada una escuela privada, las familias no pueden colaborar monetariamente y mucho menos pagar una cuota. Las directivas, docentes y celadoras no quieren saber nada con irse a dar clases a una escuela mejor y con menos complicaciones. Prefieren este trabajo a puro pulmón y por amor a los niños.