31/1/2023
Breve reseña de antiguos molinos povinciales:
Viene desde una época en que las grandes distancias provinciales obligaban a inteligentes soluciones, principalmente en lo que tenía que ver con alimentar a la población. Fue el mismísimo Gral José de San Martín quien, en la segunda década del Siglo XIX tomó la sabia costumbre de tener plantaciones de granos cerca de los incipientes núcleos poblacionales diseminados en la geografía provincial; así por ejemplo la Ciudad de Mendoza contaba con un molino harinero ubicado en la actual calle Cnel Díaz al 100, donde hoy hay una noria y piedra de molino que marca el lugar de ese emplazamiento. El General adquirió una propiedad en Junín, en el este mendocino, actual Finca Orfila, donde hizo construir un molino para trabajar los granos de esa zona provincial, debido a que los 60 kms que la separaba de la ciudad capitalina representaba una gran distancia, para proveerles harina a sus habitantes. Todavía hay en esa finca vestigios del emprendimiento, pequeño canal donde llegaba el agua y hasta una piedra moledora de granos.
De más cerca en el tiempo, tenemos el Molino Malargüino o Molino de Rufino Ortega, construído alrededor del año 1885, restaurado en 1995 y ultimamente en 2012 y que estoico se exhibe en el ingreso norte de la ciudad sureña. Algo más moderno, pero en pie todavía, encontramos el Molino de la Familia Derrache en Pareditas, San Carlos, el que conserva gran parte de la estructura y maquinarias originales.
El molino sanrafaelino:
Pero San Rafael cuenta también en su patrimonio de hecho, con la edificación y parte de las maquinarias de su molino harinero histórico, el que se encuentra completamente en pie y en proceso de cuidado contínuo para seguir mostrando su imponente presencia.
Ubicado a pocos metros del Canal Matriz que corre paralelo a la calle Juan XXIII y su continuadora calle Cantoni en su intersección con Velez Sarfield. Se llega a él por un callejón paralelo a Cantoni unos 60 metros al sur de la misma y pegado a un canal secundario de irrigación y a solo 50 metros de Velez Sarfield, donde empieza el conocido Barrio El Molino cuyo nombre honra al emprendimiento harinero.
Su propietario actual Don Guillermo Profumo amablemente se presta a brindar datos de la historia del molino mencionando que quien lo construyó fue un familiar llamado Máximo González quien hace unos 130 años comenzó a trabajarlo, es decir que sería contemporáneo al molino malargüino y su actividad principal era la de obtención de harina.
Observándolo en la actualidad muestra su nave de unos 15 metros de largo por 10 de ancho en el frente y muros con altura de 6 m y 7,50 m en la cumbrera; techo a dos aguas, cabriadas de madera originales pero cubierta de chapas onduladas de segunda clavada. Recorriendo exteriormente el perímetro vemos su mampostería de adobes crudos que en perfecto estado no muestra mucha alteración de sus formas a pesar de haber soportado las inclemencias del tiempo por más de un siglo de exposición. Donde tuvo ventanas, hoy selladas con adobes, todavía se ven los dinteles de madera; el frente, dando al oeste, muestra la calidad de construcción de fines del Siglo XIX, muro calzado en su parte inferior indica que ha sido mantenido con revoque para protegerlo de la humedad.
Puerta principal de madera de dos hojas con dintel del mismo material y por debajo un refuerzo de dintel hecho con madera en tiempos modernos. Los muros no presentan columnas ni vigas de vinculación y se destaca que la unión del frente con los muros laterales se hicieron con adobes trabados simplemente. La pared lateral norte posee una puerta de servicio y donde tuvo ventanas, también están selladas en la actualidad. Se nota que un sector cambió su adobe original por ladrillones cocidos.
Este recorrido perimetral produce admiración al comprender que se contempla una obra realizada por quienes nos precedieron, en tiempos en que se formaba nuestro departamento. Más llama la atención cuando se recorre el último segmento de la pared norte en el que se encuentra empotrado a ella un eje metálico que posee varios de los engranajes originales donde se enganchaban las poleas que por el impulso de la fuerza hidráulica transmitida del agua que pasaba por el canal, hoy desaparecido, ponían en movimiento las máquinas de molienda propiamente dichas. Algunos de esos engranajes externos mencionados poseen revestimiento de madera que denotan ser originales, realmente sorprendente.
Otros valiosos datos nos aporta Guillermo Profumo, por ejemplo, que fue el primer molino de la región que tuvo luz propia, la misma se lograba por la fuerza del agua del canal de servicio que hacía andar una turbina que alimentaba un generador permitiéndo la ventaja de la iluminación y hacer andar alguna máquina aliviando la tarea de molienda. Ya entrado en el Siglo XX y cuando su padre Jorge Profumo pasó a ser el titular del emprendimiento se trabajaba en la molienda de distintos granos, principalmente trigo pero también se obtenía harina tostada, polenta y hasta sal fina y gruesa. En un tiempo pasado, desde el molino salían los famosos Fideos Pitarugo. Por razones de seguridad el recorrido se hizo externamente.
Se agradece la amabilidad del anfitrión quien nos ha permitido contemplar este magnífico edificio que albergó a la noble industria molinera y que acompaña la vida de los sanrafaelinos desde hace 130 años.