Boca Juniors sufrió una derrota amarga en el partido de ida de las semifinales de la Copa Sudamericana 2026. En una noche donde el equipo de Rodolfo Arruabarrena nunca terminó de encontrar los caminos, el Xeneize perdió 1-0 ante Vasco da Gama y ahora está obligado a revertir la historia en Brasil para mantener vivo el sueño continental.
El conjunto de la Ribera llegaba a este compromiso con la ilusión de sacar ventaja en casa, pero el antecedente inmediato dejó un sabor amargo. El equipo, que además arrastra bajas sensibles por lesiones, se vio superado tácticamente en la primera mitad y, pese a la superioridad numérica que gozó durante gran parte del segundo tiempo, no logró romper el cerrojo defensivo de los brasileños.
El único tanto del encuentro llegó a los 24 minutos de la etapa inicial, cuando Adson conectó un cabezazo certero tras un centro preciso de Andrés Gómez. Precisamente Gómez fue protagonista de una insólita expulsión a los 19 minutos del complemento, al ver dos amarillas en cuestión de segundos por protestar, dejando a su equipo con diez hombres. A pesar de esto, Boca no supo capitalizar la ventaja y, entre la falta de eficacia y la solidez del arquero Leo Jardim, el marcador no se movió.
El panorama para la revancha, programada para el próximo martes 20 de octubre, es complejo. La incertidumbre rodea la sede del encuentro, ya que la Conmebol aún debe definir si el duelo se disputará en el Maracaná o si, por cuestiones logísticas, la serie se trasladará a Asunción, Paraguay. Boca deberá mostrar una versión totalmente distinta, con mayor precisión en los metros finales y más claridad en la generación de juego si pretende acceder a la gran final.
El pitazo final de Piero Maza dejó a La Bombonera en silencio y con la sensación de que se escapó una oportunidad inmejorable. Con la serie abierta pero cuesta arriba, el Xeneize tendrá una semana de trabajo intenso para corregir los errores de funcionamiento y buscar la épica fuera de casa, en un partido que definirá gran parte del semestre.