de

Malargüe

Un hijo de Malargüe que combatió en la guerra de Malvinas

Miercoles, 2 de Abril de 2025

Tenía 19 años y llegó a Malvinas el 13 de abril de 1.982, y junto a algunos compañeros de su compañía fueron de los últimos en abandonar las islas ya que los ingleses los retuvieron varios días más.

Comenzaba la década del 70 y un niño llamado Manuel Jesús jugaba inocentemente sobre avenida Rufino Ortega, aquella que los mayores llamaban Calle Ancha. Allí de pronto, en el silencio de aquel pueblo chico, el resonar de hombres uniformados marchando marcialmente y cargando pertrechos para utilizar en maniobras le llamaron poderosamente la atención. ¡Se imaginó ser uno de ellos! Calzarse esos borceguíes, cargar un fusil y defender con alma y vida la bandera celeste y blanca, aquella que tanto le hacían respetar en la escuela. Lo que nunca imaginó fue, que, en algunos años, la historia lo encontraría defendiendo la soberanía en nuestras Islas Malvinas.

Manuel Jesús Martínez Correa nació el 22 de julio de 1962 en nuestra querida ciudad de Malargüe. Sus padres son Hernán del Carmen Martínez y Nieve Eliana Correa, oriundos del paraje El Batro, costas del Río Barrancas. Es el mayor de 6 hermanos: Manuel Jesús, Élida, Pablo, Claudia, Rolando y Roxana.

Cursó sus estudios primarios en la entonces escuela República de Chile (hoy Capitán José León Lemos) terminados estos, pasó al Instituto Secundario Malargüe; pero apenas cursando el primer año le llegó la convocatoria para la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral en Buenos Aires puesto que había rendido previamente para sumarse a las filas del Ejército Argentino.

Desde entonces su vocación de militar lo alejó físicamente de Malargüe a sus catorce años, pero sus sentimientos y sus raíces seguían aquí.

Nuestra entrevista

¿Cada cuánto visitaba Malargüe?

MJM- Cada 6 meses solía venir a ver a la familia y porque Malargüe siempre estaba en mi corazón.

¿Dónde se encontraba aquel histórico 2 de abril de 1.982?

MJM: El 2 de abril del 82 estaba destinado en Pablo Podestá, Compañía de Ingenieros Mecanizada Nº 10, cerca de Campo de Mayo (.) pertenecía a la rama del Ejército donde nuestra misión era hacer campos minados, construcción de puentes, topografía, cartografía, movimiento de suelos, todo eso.

¿Cómo se enteró de que se habían reconquistado las Islas?

MJM: Resulta que en ese tiempo nosotros incorporábamos a los soldados de la clase 63. Estábamos de instrucción en el campo (duraba 45 días) pero cuando nos faltaban tres días para regresar llega un comunicado a la jefatura de que teníamos que replegar, o sea, levantar el campamento y volvernos a la unidad. Hasta ese momento no sabíamos por qué. Cuando regresamos al campamento (8 o 9 de la mañana), dan la orden de preparar todos los equipos -no sabíamos qué pasaba- preparamos toda la tropa y una vez finalizada nos reúnen y comentan que nos íbamos a Malvinas. Fuimos embarcados en la I Brigada Aérea El Palomar (Buenos Aires) y de ahí a Río Gallegos para finalmente arribar a las Islas Malvinas. Íbamos en aviones comerciales de Aerolíneas, le sacaban todas las butacas y nos sentaban afirmados espalda a rodilla. El martes 13 de abril finalmente aterrizamos en las islas.


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¿Dónde fue destinado en las islas Malvinas y quienes eran sus jefes?

MJN: Yo tenía como jefe del batallón al Mayor Matalón y el segundo jefe era el Capitán Luis Pagnini (.) fuimos distribuidos a distintos lados porque la primera misión que tuvimos fue hacer campos minados. Algunos fuimos a San Carlos, otros a Monte Longdon, recorrimos muchos sectores en la isla porque armábamos campo minado en un sector, de ahí salíamos a otro, la mayor parte del conflicto estuvimos haciendo campo minado"

¿Qué le dio fortaleza en esa instancia tan extrema como la guerra?

MJM: Yo creo que lo primero que te sostiene es el espíritu de supervivencia, esto es lo que nos lleva a enfrentarnos a todas las inclemencias, las situaciones, el frío, la guerra. a todo. Uno se va adaptando acorde a las circunstancias porque a pesar de toda la instrucción que teníamos como militares, llegar a Malvinas fue algo totalmente nuevo, totalmente ajeno a una realidad de una instrucción teórica.

Se vivían distintas situaciones, comenzando por el frío, la alimentación (.) cuando llegaba una ración de comida no sabíamos cuándo íbamos a tener la próxima.

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¿Cómo influía en ustedes la camaradería o algún afecto familiar como una carta?

MJM: Me pasaron cosas emotivas allá en Malvinas. Yo estaba de novio con Cristina Contreras (hoy mi actual esposa). Ella me mandaba cartas y ¡Aún las tengo! Mi mamá también me mandó cartas y una vez me hizo una encomienda y me mandó. ¡Tortas fritas! ¡Imagínate en medio del campo de guerra! (.) las compartí con los compañeros, fue muy emotivo venían de la mano de mi vieja, de mi pueblo Malargüe.

Muchas veces se dice que "Las cosas no llegaban" . Lo que pasa de que había muchas cosas por transportar y no se podía llevar todo ¡Tenés 12 mil hombres en combate! (.) hablaron de que habían conteiners guardados llenos de mercadería. ¡Si! Porque estaban llenos de raciones ya que, si nos cerraban el tránsito aéreo y naval, nosotros por lo menos teníamos algo para sobrevivir esos días.

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¿Y los camaradas? ¿Los compañeros de trinchera, como influyeron en ese sobrevivir día a día?

MJM: ¡Y eran los hermanos de la vida! Esa camaradería se hace muy fuerte. Ya es fuerte cuando uno está prestando servicio en el Ejército. Todo se comparte. Cuando yo hice la escuela militar, nosotros pasamos las 24 horas con el compañero al lado tuyo. Íbamos a gimnasia juntos, a la ducha juntos, teníamos el mismo horario para dormir, mismo horario para levantarnos, para almorzar, para cenar y. eso mismo pasa en combate (.). Tuve la suerte después de 42 años de volver a reencontrarme con quien fue mi compañero en Malvinas, de volvernos a encontrar e inclusive de sacarnos una foto de cuando estábamos en Malvinas y de cuando nos reencontramos. 

¿Cómo se llama su camarada?

MJM: Alberto Fizanny

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 ¿Dónde lo encontró la rendición del 14 de junio?

MJM: Vos sabes que no recuerdo bien el lugar porque recorríamos tantos (.) estábamos atentos de que en cualquier momento llegaba el combate final para nosotros. Los ingleses comenzaron con un cañoneo naval y después el enfrentamiento, porque siempre se utilizan las tres Fuerzas para tomar un sector (aérea, naval y terrestre). hay que jugarse el todo por el todo.

 Muchos dicen "Los chicos de la guerra" ¡Pero los chicos de la guerra tuvieron dos meses a los ingleses a raya! No fue que ellos desembarcaron y dijeron: Chicos háganse un lado que pasamos nosotros. ¡Mentira! Nosotros con 18 y 19 años los tuvimos un par de meses a raya a los ingleses, y bastante mal porque hubo un momento de que no podían desembarcar.

¿Después de la rendición que ocurrió con usted?

MJM: Quedamos prisioneros. Nos trasladaron caminando hasta el aeropuerto y nos separaron a los del Batallón de Ingenieros porque teníamos los planos de los campos minados. Los ingleses nos piden si podíamos desactivar los campos minados que habíamos hecho, por lo que nos quedamos 12 días más. 

Mi esposa, que por entonces era mi novia, se fue desde Mendoza a Buenos Aires y estuvo 15 días en la puerta del aeropuerto esperándome. Y ese casco, fíjate vos, tiene una historia: Ese casco cuando yo llegué al aeropuerto del Palomar, me bajo del avión, subo a un colectivo militar verde y cuando voy saliendo de la barrera del aeropuerto estaba ella ahí. me sorprendió, entonces yo la saludo por la ventanilla me saco mi casco y se lo regalo y. le pido la mano - porque me sorprendió su actitud de encontrarla ahí, yo jamás me imaginé que iba estar en el aeropuerto esperándome (ella vivía en Godoy Cruz).

Después me entero que, de su cadenita de oro de sus 15 años y un anillito que tenía, junta plata para viajar. Estuvo 15 días con la incertidumbre de que, si yo llegaba o no llegaba, porque habían llegado muchos compañeros míos, pero no sabían dónde estaba o si estaba con vida. Por eso le regalo el casco como suvenir de nuestro compromiso.[1]

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 Después de la guerra, nuestro veterano, como el resto de sus camaradas tuvo que enfrentar la situación personal de las secuelas de la guerra: Los miedos, las turbaciones, los tristes recuerdos, las pesadillas. Pero también tuvo que enfrentar quizás la más dura de las batallas: la del olvido, la del no reconocimiento, la de una sociedad que, en general, les volvió la espalda catalogándolos como niños o locos de la guerra. ¡Tuvo que enfrentar estoicamente el triste proceso de desmalvinización! Tanto en la guerra como en la post guerra su puntal inquebrantable fue la familia y sus seres queridos; particularmente Cristina, aquella novia que le enviaba cartas durante el conflicto y que no dudó en ir a esperarlo al aeropuerto, convencida de que él si regresaría.

 Manuel Jesús y Cristina Contreras se casaron el 16 de diciembre de 1983, tienen un hijo y cuatro nietos. Actualmente viven en Godoy Cruz, pero siempre en la medida de lo posible vuelven por Malargüe.

Manuel Jesús Martínez, ese veterano de guerra nacido y criado en nuestro suelo no festeja la guerra, no se deleita en la tragedia ni la muerte, pero está convencido de que Malvinas es la causa pendiente de la Patria. A él, y a todos esos hombres que en el inolvidable abril de 1982 estuvieron dispuestos a cumplir el deber hasta el extremo, nuestro respeto y honra, por que como decía José Martí: "Honrar a los que cumplieron con su deber es el modo más eficaz que se conoce hasta hoy de estimular a los demás a que lo cumplan".-

Por Prof. Francisco Parada

[1] El entrevistado se refiere a su casco de combate, el cual lo donó a la Municipalidad de Malargüe y se encuentra actualmente en la sala San Martín del palacio municipal.

Fuente: Ser y Hacer de Malargüe.