Un equipo de investigadores argentinos y canadienses llevó adelante una ambiciosa campaña científica en el campo volcánico de Llancanelo, en Malargüe, con el objetivo de hallar pistas sobre la existencia de vida microbiana en el pasado remoto. Durante jornadas de intenso trabajo de campo, los especialistas recolectaron muestras de rocas en los volcanes Carapacho, Malacara, Piedras Blancas y Jarilloso, buscando alteraciones minerales que funcionen como una suerte de "cápsula del tiempo" biológica.
El estudio se centra en las tobas hidrovolcánicas, formadas por la interacción entre el magma y el agua. La hipótesis de trabajo apunta a identificar estructuras microscópicas conocidas como "alteración biogénica putativa" (PBA), que podrían ser el resultado de la actividad de microorganismos sobre el vidrio volcánico. Este fenómeno, ya documentado en regiones como Islandia y la Antártida, es la pieza clave que los científicos esperan encontrar en el suelo malargüino para comparar con los procesos geológicos de otros planetas.
La expedición, realizada entre fines de septiembre y principios de octubre, contó con la participación de Martina Rizzo, becaria del CONICET e integrante del Laboratorio de Magmatismo Andino, junto a la doctora Mariek Schmidt y el estudiante Daksh Patel, de la Universidad Brock de Canadá. El equipo trabajó bajo estrictos protocolos y con el apoyo de los guardaparques del Área Natural Protegida Laguna de Llancanelo, asegurando la preservación del entorno mientras avanzaban en la recolección de material para su posterior análisis en laboratorio.
La relevancia de este hallazgo trasciende nuestras fronteras, ya que los entornos volcánicos terrestres donde hubo presencia de agua son los modelos más precisos para entender cómo pudo haber sido el Marte antiguo. Mediante el uso de microscopía electrónica de barrido, microanálisis y difracción de rayos X, los investigadores buscarán determinar si las texturas halladas en las rocas de Malargüe tienen un origen biológico, lo que permitiría ajustar los parámetros de búsqueda para futuras misiones espaciales.
Este proyecto, que cuenta con el aval de la Universidad de Buenos Aires y el CONICET, posiciona a Malargüe como un laboratorio natural de clase mundial. Si bien los resultados finales aún están sujetos a los estudios de laboratorio, el trabajo realizado en Llancanelo representa un paso fundamental para comprender si las condiciones que permitieron la vida en la Tierra pudieron repetirse, hace millones de años, en el planeta rojo.
Fuente: Ser y Hacer de Malargüe