A partir de este miércoles, las calles de Mendoza cambian su dinámica de control. Con la entrada en vigencia de la ley conocida como "Cámara Testigo", ya no dependerá solo de un móvil policial o un radar fijo para pescar a un infractor: cualquier ciudadano con un celular en la mano podrá ser un actor clave para denunciar maniobras peligrosas. La medida busca transformar el control vial en un esquema colaborativo y tecnológico.
El ciudadano como "comunicador": ¿Cómo funciona?
La gran novedad es que cualquier persona que presencie una falta -ya sea un cruce en rojo, un auto mal estacionado o una conducción temeraria- podrá registrar el momento en foto o video. Este material deberá ser enviado a través de las plataformas web oficiales o aplicaciones de mensajería que el Gobierno de Mendoza disponga para tal fin.
Sin embargo, hay una aclaración legal importante: estos envíos no son denuncias formales con validez automática. Se consideran "comunicaciones ciudadanas" que sirven como punta de lanza para iniciar una investigación administrativa.
¿La foto es una multa directa?
La respuesta es no. Para evitar sanciones arbitrarias o "venganzas" entre vecinos, la ley establece un filtro estricto:
- Análisis previo: Las autoridades administrativas reciben el video o la foto y realizan un informe preliminar.
- Validación judicial: Si el material es consistente, se eleva al Juzgado Vial correspondiente.
- Filtros anti-fraude: Los jueces descartarán cualquier archivo que tenga indicios de manipulación, edición o que haya sido captado fuera de la jurisdicción.
Más presión para los Juzgados Viales
Con este sistema, se espera un aluvión de reportes, lo que obligará a los juzgados viales a tener un rol mucho más activo. Ellos serán los encargados de determinar si la evidencia es suficiente para sancionar al titular del vehículo. El objetivo es que la sensación de "impunidad" disminuya, sabiendo que cualquier peatón o conductor puede estar registrando una infracción en tiempo real.
Este cambio de paradigma en Mendoza pone la tecnología al servicio de la seguridad vial, apostando a que la participación social ayude a ordenar un tránsito que, muchas veces, parece tierra de nadie.