La nueva marcha universitaria volvió a exponer un reclamo que atraviesa a docentes, estudiantes y trabajadores de las casas de estudio: financiamiento para las universidades públicas y una recomposición salarial urgente frente al deterioro económico. Pero en Mendoza, la movilización también dejó algo más que cánticos y pancartas educativas: dejó una sobredosis de política.
Desde temprano, la protesta mostró un fuerte tono opositor contra el gobierno nacional de Javier Milei, apuntando directamente al ajuste sobre el sistema universitario y al incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. Hasta ahí, nada inesperado. El problema apareció cuando varios dirigentes comenzaron a transformar una marcha educativa en una verdadera pasarela política.
Banderas partidarias, selfies estratégicas y publicaciones oportunas en redes sociales, como si estuvieran en plena campaña, terminaron desvirtuando parte del espíritu original de la convocatoria.
Porque una cosa es acompañar un reclamo legítimo y otra muy distinta es utilizarlo como escenografía para posicionarse.
En medio de estudiantes preocupados por el futuro de la universidad pública y docentes reclamando salarios dignos, hubo dirigentes que parecían más atentos a salir en la foto que a escuchar lo que realmente se estaba reclamando en la calle.
En off, lo que muchos comentaban era la llamativa indignación de algunos referentes políticos que hoy se abrazan a la defensa de la educación pública, pero que durante años guardaron un silencio bastante cómodo mientras gobiernos de su mismo color político ajustaban, recortaban o desfinanciaban universidades nacionales.
La escena no pasó desapercibida. Para muchos asistentes, la movilización perdió parte de su fuerza genuina cuando comenzó a llenarse de simbología partidaria y gestos claramente orientados al oportunismo político.
Porque defender la universidad pública puede ser una causa transversal. Lo que genera rechazo es cuando algunos convierten cada conflicto social en una oportunidad de marketing electoral.
Al final, mientras estudiantes y docentes intentaban sostener el eje en el financiamiento universitario y los salarios, buena parte de la dirigencia volvió a demostrar que en Argentina pocas cosas seducen más que una marcha multitudinaria, un celular grabando y una cámara cerca.