En el marco del Día Mundial del Accidente Cerebrovascular, que se conmemora este 29 de octubre, el sistema de salud mendocino pone el foco en una máxima innegociable: en el ACV, cada minuto cuenta. La aplicación de terapias de reperfusión dentro de las primeras 4,5 horas es la clave para reducir hasta un 28% las secuelas neurológicas, convirtiendo la detección temprana y el traslado veloz en los pilares fundamentales para evitar daños irreversibles.
Desde 2024, la provincia consolidó una Red Provincial de ACV que descentralizó la atención en seis áreas estratégicas: Metropolitana, Este, Valle de Uco, San Rafael, Malargüe y General Alvear. Este esquema, coordinado por el Servicio de Emergencias, permite que hospitales regionales como el Saporiti, Perrupato, Scaravelli, Schestakow, Malargüe y Enfermeros Argentinos actúen como centros esenciales, capaces de estabilizar al paciente y realizar trombólisis, mientras que el Hospital Central y el Lagomaggiore funcionan como centros de alta complejidad y telemedicina para asistir a zonas alejadas.
Los números respaldan la eficacia de este despliegue: mientras que en 2024 se atendieron 385 casos en la red, la cifra escaló a 710 en los primeros nueve meses de 2026. Más importante aún es la federalización del tratamiento: la cantidad de trombólisis realizadas pasó de 47 en 2024 a 92 en lo que va del año, con una distribución mucho más equitativa en todo el territorio provincial. Además, la prenotificación prehospitalaria logró reducir drásticamente los tiempos de espera, bajando la mediana de atención de 28 a 13 minutos desde que el paciente ingresa al hospital hasta que se obtiene la imagen diagnóstica.
De cara al futuro, el desafío es seguir sumando certificaciones internacionales de la Organización Mundial del ACV para los ocho hospitales de la red y profundizar el uso del Sistema Nacional de Vigilancia. Con la reciente incorporación del ACV como evento de notificación obligatoria, las autoridades sanitarias buscan no solo mejorar la asistencia inmediata, sino también contar con datos precisos para planificar recursos y reducir las brechas geográficas en el acceso a la salud.
Para la población, la recomendación sigue siendo la misma: estar atentos a señales como mareos repentinos, pérdida de equilibrio, debilidad en brazos, caída facial o dificultad para hablar. Ante cualquiera de estos síntomas, la rapidez es la mejor medicina. La prevención, mediante el control de la hipertensión, el abandono del tabaco y una vida activa, sigue siendo la herramienta más poderosa para evitar que el accidente ocurra.