Tras batir récords de distancia y sobrevolar el lado oculto de la Luna, la tripulación de Artemis II regresa este viernes a la Tierra con un amerizaje frente a la costa de San Diego, bajo un estricto protocolo de seguridad.
Artemis II ya no es solo un nombre en los libros de historia que están por escribirse, sino una realidad que hoy completa su primer gran capítulo. Se trata de la primera misión tripulada de la NASA desde el legendario programa Apolo, llevando a cuatro astronautas a bordo de la nave Orion, que despegó con el potente cohete SLS el pasado 1 de abril de 2026.
El objetivo de fondo es claro: probar que la tecnología, los sistemas de soporte y el equipo humano pueden operar con total seguridad en el espacio profundo. Este paso es el que permitirá, en los próximos años, volver a caminar sobre la superficie lunar y, eventualmente, proyectar misiones hacia Marte.
La misión Artemis II encara su fase de retorno.
La tripulación ya dejó atrás el lado oculto de nuestro satélite natural y completó más de la mitad del camino de regreso. El lunes marcó un hito: la misión alcanzó el punto de mayor cercanía a la superficie de la Luna y logró el récord de la mayor distancia recorrida desde la Tierra por una nave tripulada. Ahora, todas las miradas están puestas en el reingreso y el amerizaje de este viernes 10 de abril, que cerrará un viaje histórico.
Sin embargo, un retorno de esta magnitud requiere una logística que no deja espacio para la improvisación. Tanto la NASA como las Fuerzas Armadas estadounidenses activaron sus planes de contingencia para recibir a los astronautas frente a la costa de San Diego. La mayor preocupación es el clima y la posibilidad de un amerizaje fuera del área prevista. Para cubrir cualquier escenario, la Fuerza Aérea tiene listos aviones militares C-17, junto con helicópteros de la Marina, aeronaves de monitoreo y apoyo logístico desde Hawái.
Lili Villarreal, directora de Aterrizaje y Recuperación de Artemis, explicó la importancia de este despliegue: "la seguridad de los tripulantes es la prioridad absoluta", incluso ante escenarios no nominales.
A medida que se acerca el momento clave, los especialistas intensifican los controles sobre cada sistema. Rick Henfling, director de Vuelo para el Regreso de Artemis, explicó que el equipo monitorea posibles impactos en la guía, navegación, control y propulsión. La zona estimada de impacto abarca unas 2.000 millas náuticas en el Océano Pacífico, con un punto cercano a San Diego.
En las horas previas al descenso, la cápsula realizó maniobras clave: el jueves por la noche encendió sus propulsores durante nueve segundos para ajustar la trayectoria y este viernes ejecutará una última corrección antes del reingreso. Según detalló la NASA, el módulo de servicio se separará alrededor de las 20:33 (hora argentina) y, minutos después, a las 20:37, se realizará el ajuste final antes de iniciar el descenso definitivo.
Durante el reingreso, la nave alcanzará su máxima velocidad y atravesará uno de los momentos más críticos: una interrupción de comunicaciones de aproximadamente seis minutos, causada por el plasma que se forma alrededor de la cápsula debido a las altas temperaturas.
Superada esa fase, comenzará la secuencia final: a las 21:03 se desplegarán los paracaídas de frenado y, segundos después, los tres paracaídas principales reducirán la velocidad para un descenso controlado. El amerizaje está previsto para las 21:07 (hora argentina) frente a la costa de San Diego.
Tras el impacto en el océano, se activará el operativo de rescate: equipos especializados llegarán a la cápsula y helicópteros trasladarán a los astronautas al buque USS John P. Murtha. Luego serán sometidos a evaluaciones médicas y trasladados al Centro Espacial Johnson, en Houston. En la NASA predomina la confianza, aunque sin margen para errores, y destacan que las condiciones son favorables para completar con éxito el cierre de una misión histórica.