Estados Unidos intensificó la tensión en Medio Oriente tras ejecutar un ataque con drones contra la isla de Larak, en territorio iraní. Según fuentes del Pentágono, la ofensiva tuvo como objetivo destruir dos plataformas que estaban siendo preparadas para el despliegue de minas marinas, una maniobra que amenazaba directamente la libre navegación en el estratégico estrecho de Ormuz, punto clave para el comercio mundial de hidrocarburos.
Este despliegue militar marca un quiebre en la relativa calma que se mantenía desde finales de julio, cuando Washington bombardeó posiciones de la Guardia Revolucionaria. El operativo responde a las advertencias previas del expresidente Donald Trump, quien había prometido una respuesta inmediata y sistemática ante cualquier intento de minado en la zona, tras haber completado las tareas de limpieza de explosivos en las rutas internacionales.
El ataque, que coincidió con la celebración del cumpleaños del profeta Mahoma, fue confirmado por agencias vinculadas a la Guardia Revolucionaria, como Fars y Tasnim. Desde Teherán, calificaron la incursión como una "agresión terrorista" y un "error estratégico fatal", advirtiendo que habrá represalias. Aunque las autoridades iraníes confirmaron la existencia de víctimas, aún no se han brindado cifras oficiales sobre los fallecidos o heridos en la isla de Larak.
La escalada se produce en un escenario de fracaso diplomático, luego de que expiraran los plazos para alcanzar un acuerdo y se impusieran nuevas sanciones económicas contra el régimen iraní. Si bien la Casa Blanca parecía enfocada en la presión financiera, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ya había dejado la puerta abierta a los "ataques cinéticos" si la seguridad de la región se veía comprometida.
El bombardeo sobre Larak confirma que la opción militar sigue vigente para la administración estadounidense. Mientras la comunidad internacional observa con preocupación la inestabilidad en el estrecho de Ormuz, el conflicto entre Washington y Teherán parece haber entrado en una fase de mayor volatilidad, donde cualquier movimiento en falso podría desencadenar una escalada de consecuencias impredecibles.