El Gobierno de México oficializó una medida de alto impacto para el sistema educativo: a partir del próximo 3 de noviembre, quedará prohibido el uso de teléfonos y dispositivos inteligentes en todas las escuelas primarias y secundarias del país, abarcando tanto los horarios de clase como los recreos.
Esta decisión se alinea con una tendencia global que busca reducir la dependencia tecnológica en las aulas. La iniciativa no es aislada, ya que diversos países han comenzado a implementar restricciones similares para combatir el uso excesivo de dispositivos, que según expertos, interfiere con el proceso de aprendizaje y la socialización.
La normativa, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum y consensuada con las autoridades educativas y los 32 gobernadores, establece que los alumnos podrán portar sus equipos en las mochilas, pero no podrán manipularlos. Solo se contemplan excepciones ante emergencias reales o situaciones particulares que requieran una autorización especial. Durante todo el mes de octubre, se realizarán asambleas informativas para preparar a la comunidad educativa.
Desde el Ejecutivo mexicano fundamentaron la medida en la necesidad de proteger el desarrollo cognitivo y psicomotor de los menores. Según la mandataria, está comprobado que la escritura manual y la interacción directa sin pantallas mejoran las habilidades de los estudiantes, además de prevenir la adicción a las redes sociales que tanto preocupa a los especialistas en salud mental.
Con esta política, México busca recuperar el foco pedagógico dentro de las instituciones, priorizando la convivencia cara a cara y la atención plena en el aula, dejando atrás la era del celular como herramienta de distracción constante en el entorno escolar.