Un operativo de búsqueda que mantuvo en vilo a las autoridades de Indonesia culminó con un final feliz: tres turistas y su guía, quienes habían desaparecido mientras practicaban buceo en la isla de Flores, fueron hallados con vida tras pasar una noche entera a la deriva en altamar.
El incidente ocurrió durante una excursión en el Parque Nacional de Komodo, una zona reconocida mundialmente por su biodiversidad marina. El grupo, compuesto por la austríaca Patricia Retter y los irlandeses Dervla Mulligan y Darragh McKiernan, junto al guía local Frederik Horimpun, se separó del resto de la expedición debido a las traicioneras corrientes submarinas que caracterizan a este sector del "Triángulo de Coral".
La alerta se encendió el domingo por la tarde, cuando el grupo no regresó al punto de encuentro. De inmediato, se desplegó un intenso operativo coordinado por la agencia nacional Basarnas, que incluyó a la Marina, la policía acuática y pescadores de la zona. A pesar del uso de drones con cámaras térmicas, las condiciones climáticas y la fuerza del mar dificultaron las tareas. La primera en ser rescatada fue Retter, quien fue divisada por pescadores locales, mientras que sus compañeros y el guía fueron encontrados a la mañana siguiente, a casi seis kilómetros de distancia del lugar de la inmersión.
Aunque el susto fue mayúsculo, los rescatistas confirmaron que todos se encontraban en buen estado de salud, más allá del lógico agotamiento físico por la odisea vivida. Los expertos señalan que, si bien la región es un paraíso para el turismo aventura, las corrientes impredecibles representan un riesgo constante para quienes se aventuran en sus profundidades, subrayando la importancia de contar con guías experimentados y medidas de seguridad estrictas.
Este rescate se suma a una serie de eventos similares ocurridos recientemente en distintos puntos del globo, reforzando la idea de que la preparación y la rápida respuesta de las comunidades locales son claves para transformar una tragedia potencial en un milagro de supervivencia.
Fuente: Clarín