Una nueva tragedia sacude al continente africano tras el naufragio de una embarcación que transportaba a más de 300 migrantes desde Yibuti hacia Yemen. Según los últimos reportes de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el saldo de víctimas fatales se elevó a 139, entre los que se encuentran 15 niños, mientras que otras 84 personas permanecen desaparecidas en una de las rutas marítimas más letales del planeta.
Este corredor migratorio, conocido como la "Ruta Oriental", es utilizado anualmente por miles de personas, principalmente etíopes y somalíes, que huyen de la pobreza y los conflictos armados. El siniestro ocurrió entre la noche del 8 y el 9 de octubre cerca de la costa de Guhere, donde el barco, sobrecargado y en condiciones precarias, sucumbió ante el oleaje. No es un hecho aislado: la inestabilidad regional y la falta de vías legales empujan constantemente a los migrantes a ponerse en manos de redes de tráfico humano que operan sin ningún tipo de seguridad.
De los 305 pasajeros a bordo, solo 82 lograron sobrevivir y están siendo asistidos en el centro de respuesta de Obock. Las tareas de rescate permitieron recuperar 139 cuerpos, pero las autoridades advierten que el número podría seguir aumentando. La OIM detalló que entre los fallecidos identificados hay 52 hombres, 42 mujeres y 15 menores, evidenciando la vulnerabilidad extrema de las familias que buscan un futuro en la península arábiga.
Ante este escenario, la directora general de la OIM, Amy Pope, hizo un llamado urgente a la comunidad internacional para ampliar los mecanismos de migración segura, subrayando que "nadie se sube a una embarcación así a menos que crea que no existe otra vía". Por su parte, la Unión Africana se sumó al pedido de cooperación regional para desarticular las mafias de tráfico y abordar las causas profundas que fuerzan estos desplazamientos masivos.
Mientras los equipos de emergencia continúan con el rastrillaje en las costas de Yibuti, la incertidumbre se apodera de los familiares de los desaparecidos. El drama de esta tragedia no solo expone la peligrosidad de la travesía, sino también la urgencia de una respuesta global que priorice la vida y la dignidad humana por encima de las fronteras.