El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) dio a conocer los números que marcan el pulso de la economía doméstica: durante el mes de agosto, una familia tipo -compuesta por dos adultos y dos menores- requirió ingresos superiores a $1.605.497 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y mantenerse por encima de la línea de pobreza.
Este reporte llega tras un mes donde la inflación oficial se ubicó en el 1,7%, una cifra que, a primera vista, parecería un alivio. Sin embargo, el dato preocupante es que tanto la Canasta Básica Alimentaria (CBA) como la Total registraron un incremento del 2,6%, superando ampliamente al Índice de Precios al Consumidor (IPC) y marcando una clara pérdida del poder adquisitivo en los hogares argentinos.
En cuanto a los niveles de indigencia, el informe oficial detalló que el mismo grupo familiar necesitó $726.469 para acceder a los alimentos mínimos indispensables para la subsistencia. En la comparación interanual, la brecha se profundiza: mientras que la inflación promedio acumulada fue del 33,5%, los costos de la canasta básica alimentaria treparon un 39,6% y la total un 38,3%, dejando a las familias en una situación de mayor vulnerabilidad frente a los precios de los productos esenciales.
Estos indicadores, que se calculan a partir de los requerimientos nutricionales y el coeficiente de Engel -que mide la relación entre gastos alimentarios y totales-, vuelven a poner en el centro del debate la capacidad de los ingresos actuales para seguirle el ritmo a la góndola. La tendencia muestra que, aun con una desaceleración en el índice general de precios, los rubros que componen la mesa de los argentinos siguen presionando con fuerza sobre los presupuestos familiares.
De esta manera, el informe del Indec ratifica un escenario complejo donde la inflación de los alimentos continúa siendo el principal desafío para los sectores de menores recursos, que ven cómo el umbral necesario para no caer en la pobreza se aleja mes a mes de los salarios promedio.
Fuente: Diario Popular