El reciente fin de semana largo por el 12 de octubre dejó un saldo agridulce para el sector turístico nacional: si bien se movilizaron casi 1,5 millones de personas, superando las cifras del año pasado, el impacto económico real sufrió una caída del 2,2%. La tendencia fue clara: los argentinos eligieron viajar, pero optaron por estadías más breves y un consumo mucho más selectivo, priorizando destinos de cercanía y eventos culturales.
Este comportamiento no es casual, sino que responde a una dinámica que se viene consolidando a lo largo de 2026. Durante los ocho fines de semana largos que llevamos en el año, se ha observado una preferencia por escapadas cortas, donde la planificación de último momento y la búsqueda de financiamiento mediante tarjetas de crédito -que alcanzaron el 70% de las operaciones en plataformas digitales- se volvieron la norma ante un contexto económico que exige cautela.
Según los datos relevados por CAME, el movimiento total generó unos $313.610 millones. Aunque el gasto diario por turista trepó a $116.900, la estadía promedio se redujo de dos a 1,8 días, lo que terminó licuando el beneficio económico global. Mientras tanto, destinos como Córdoba, Bariloche y la Ciudad de Buenos Aires lograron sostener niveles de ocupación cercanos al 80%, apalancados por festivales y propuestas gastronómicas que funcionaron como imanes para los visitantes.
De cara al futuro, el sector se enfrenta al desafío de mantener la competitividad. Con costos de transporte y alojamiento que representan una porción significativa del salario formal, las familias argentinas siguen buscando alternativas económicas frente a los destinos premium. La conectividad aérea, que mostró un crecimiento del 16% en vuelos de cabotaje, sigue siendo un motor clave, aunque la sostenibilidad del turismo dependerá de la capacidad de los destinos para ofrecer experiencias de valor que justifiquen el desembolso.
En conclusión, el balance del feriado confirma que el deseo de viajar sigue vigente, pero bajo una nueva lógica de austeridad. Con casi 13 millones de turistas movilizados en lo que va del año y un impacto acumulado de 3,4 billones de pesos, el turismo continúa siendo un pilar fundamental de la economía nacional, aunque condicionado por la estacionalidad y la capacidad de gasto de los viajeros.