El costo de producción en la Argentina sufrió un nuevo revés en septiembre. Según el último informe del Indec, la inflación mayorista alcanzó el 3,2%, un salto significativo frente al 2,1% registrado en agosto. Este incremento no solo marca el tercer registro más alto en lo que va de 2026, sino que se ubicó por encima del 1,9% que marcó el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en el mismo periodo, encendiendo luces de alerta en el sector empresarial.
Tras haber mostrado una tendencia a la baja desde abril -mes en el que tocó un pico del 5,2%-, el índice de precios internos al por mayor (IPIM) comenzó a mostrar signos de recalentamiento a partir de agosto. El dato de septiembre confirma un quiebre en la moderación de los costos, acumulando un alza del 22,8% en el año y un preocupante 29,9% en la comparación interanual, lo que presiona directamente sobre la cadena de valor y la rentabilidad de las empresas.
El motor principal de esta suba fue el impacto directo del conflicto en el Estrecho de Ormuz, que disparó el precio del petróleo crudo un 15% mensual y un 67,7% interanual. A esto se sumó un ajuste del 4,1% en las tarifas eléctricas industriales. En el desglose del IPIM, el rubro de petróleo y gas aportó 1,43 puntos porcentuales al índice, seguido por productos agropecuarios, refinados del petróleo y alimentos, evidenciando una suba generalizada en los insumos básicos.
La incertidumbre geopolítica en Medio Oriente sigue siendo el factor de mayor peso en las proyecciones a corto plazo. La volatilidad en el suministro energético y el encarecimiento del transporte marítimo internacional amenazan con mantener los costos mayoristas en niveles elevados, lo que podría trasladarse a los precios finales de góndola si la tensión global no cede en los próximos meses.
En conclusión, el escenario económico actual presenta un desafío complejo para el sector productivo. Mientras el IPIM y el IPP (que marcó un alza del 3,8%) muestran una dinámica de costos acelerada, el mercado local permanece atento a cómo estas subas de origen externo y energético impactarán en el poder adquisitivo de los argentinos, quienes ya expresan un alto grado de pesimismo sobre la situación económica nacional.
Fuente: Diario Popular