Por Enrique Mario Barrera.
15/12/2021
Muchas veces, al comenzar a hablar de la historia de los pueblos americanos se comete el error involuntario de dejarse llevar por los relatos de la “Historia Oficial” la que actúa cargada de un presentismo que no nos deja ver más que algunos siglos de los acontecimientos de nuestro pasado. Y San Rafael no escapa a ello, generalmente nos conformamos reconociendo los hechos ocurridos desde 1805 y hacia atrás poco y nada.
Pero, su historia comenzó antes de tener esa denominación y hasta podríamos reconocer que su pasado comenzó hace unos 500 millones de años, cuando su territorio era el fondo de una gran laguna o mar (indicios de ello se pueden apreciar en los distintos museos, principalmente de Ciencias Naturales, como el ubicado en la isla del Río Diamante) donde observamos Amonites o Moluscos que datan de esa época o restos de plantas como ciertos Helechos, hallados en esta parte de la provincia, como representantes del Período Cámbrico.
Si en Neuquén, Malargüe, Norte de la Provincia de Mendoza y San Juan se sabe, eran lugares que permitieron el desarrollo de la vida de gigantescos animales (dinosaurios) ¿por qué no reconocer que San Rafael tuvo su propio Período Jurásico? Si se hallaron restos de Gigantosaurios, Argentosaurios, Eoraptores o Herrerasaurio en esta zona americana ¿porque no incorporar a la prehistoria remota de San Rafael el relato de dicho Período Jurásico? Si lo logramos tendremos la versión completa del pasado del departamento.
Mucho más cerca en el tiempo aparece el ser humano habitando esta región, petroglifos como los de la zona de Las Tinajas o Las Cuevas de Atuel Norte testimonian un relato a descifrar de las costumbres de un pueblo que durante siglos custodió este terreno. Pehuenche y Puelche, en el sur mendocino, Huarpes en el norte provincial en sus respectivos tiempos desarrollaron su habitat en el período prehistórico del ser humano y no hay dudas que esos y otros pueblos vivieron y convivieron en estos parajes durante siglos o tal vez milenios hasta encontrarse con quienes llegaron a esta región produciéndose los hechos, que por recientes, se encuentran más documentados y que llevan a ubicarnos hacia finales del Siglo XVIII, momentos en los que nacen los primeros protagonistas del pasado departamental reconocidos con nombre y apellido o ¿quién puede dudar que los Caciques Carilef, Cumiñan o hasta María Josefa Roco, cuyos nombres aparecen en los escritos de época no fueran habitantes nacidos en esta tierra?
Es aquí que, a mi modo de ver, encaja el relato de los hechos ocurridos desde 1805 cuando el Comandante de la Milicia Urbana de Mendoza Don Miguel Telles Meneses recibe la orden impartida por el Virrey Rafael de Sobremonte para llegar a un acuerdo con los caciques nombrados y decida la fundación de un fuerte de avanzada, a orillas del Río Diamante, para poder contener el avance de los Araucanos que trasponiendo la cordillera, usurpaban el producto del sacrificio de la laboriosidad de los pueblos de esta zona. Es en ese momento cuando comienza otra etapa en la historia departamental, la que está signada por la dolorosa relación entre el foráneo y el nativo, debido a la ansiedad de logros de unos y al sorpresivo desarraigo de otros.
De esos tiempos difíciles surgen los asentamientos de la antigua Villa 25 de Mayo y la aparición, a posteriori, de lo que fuera la Colonia Francesa y su paso a convertirse en el “Pueblo de San Rafael”. Es frecuente escuchar o leer que los inmigrantes llegados a estas tierras convirtieron al desierto en un oasis, pero es justo reconocer, por estar documentado, que a la llegada de los mismos a la zona, esta tierra tenía bosques de Algarrobos, Chañares, Jarillales de gran altura y demás que proveyeron, desde hace siglos elementos para la subsistencia, tanto de alimentos como de viviendas para los antiguos moradores de estas tierras, los que convivieron con la fauna y flora en inteligente armonía y equilibrio; lo que si debemos reconocer del inmigrante es la voluntad inquebrantable de trabajo y la audacia para emprender proyectos que colaboraron, significativamente, al desarrollo del departamento. A fines del Siglo XIX , franceses, italianos y españoles, principalmente, aprovecharon las posibilidades de riego de la zona e implementaron el cultivo intensivo de la vid, entre otros productos, que proyectaron y proyectan el nombre de San Rafael, hacia los lugares más importantes del mundo industrializado.
Hacia 1903 el ferrocarril conecta a San Rafael y zonas de influencia con las principales ciudades del país y permite la salida de sus productos al mundo. El 7 de Octubre de 1922 se otorga el carácter de Ciudad, siendo en la actualidad, el foco de desarrollo más importante del sur mendocino.
En el orgullo pasado de San Rafael quedan los escritos de la vieja Villa 25 de Mayo, con el Fuerte salvado en parte y declarado Monumento Histórico Nacional, la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, con su imagen antigua, la Plaza del Centenario y sus frondosos Carolinos, el milenario Rio Diamante, testigo de “encuentros y desencuentros” de dos culturas. Atrás quedó la actuación del Regimiento 1 de Caballería a las órdenes del Comandante Wenceslao Paunero, asentado en el Fuerte de San Rafael hacia los años 1864 y 1865.
***Este regimiento realiza obras civiles de importancia como el canal llamado “Del Molino” que pasaba al sur del cementerio y del Fuerte costeando el río. Se puede mencionar el Censo Poblacional de la villa en 1864, el que indicaba que las fuerzas acantonadas en el lugar constaban de 110 oficiales y de 350 soldados; los habitantes alcanzaban a 2453 personas contando la villa con 160 casas familiares, 80 toldos de nativos, 16 casas de comercio, 2 escuelas, una iglesia atendida por un sacerdote (el Padre Burela que llegaba periódicamente desde San Carlos para atender a los feligreses). Del censo se desprende la comunicación que había con la República de Chile, puesto que en el total de habitantes censados se encontraban 444 chilenos; los Pasos que comunicaban la villa con Chile eran Del Planchón, el de Las Damas y el Paso del Pehuenche (ver libro “El Fortín N° 17***
***Atrás quedó el año 1865 cuando aparece Don Julio Ballofet, que había sido comisionado por el Decreto N° 15 del 31 de Enero para efectuar un relevamiento topográfico desde el Río Diamante hasta el Cerro Nevado con el fin de conocer tierras aptas para pastoreo y cultivos en la zona. En 1869 se realiza otro censo poblacional el que indica que había en la villa 1361 habitantes, una merma importantísima de población ocasionada, principalmente, por enfermedades epidémicas. (Ver libro El Fortín)***
De lo expuesto se infiere que San Rafael tiene un largo pasado el que abarca, no solo la época histórica sino a la prehistoria y su prehistoria remota. No posee antiguas obras monumentales pero sí posee los elementos necesarios que permiten descifrar las sucesivas eras que muestran su activo paso hacia su próspero desarrollo. Para el cuidado del Patrimonio histórico y cultural del departamento.