de

San Rafael

El Nihuil: cuando la irresponsabilidad de los adultos pone en riesgo a los menores

Jueves, 22 de Enero de 2026

Como ocurre cada verano, El Nihuil vuelve a ser escenario de una situación que lejos de corregirse, se agrava con el paso del tiempo: el descontrol y la irresponsabilidad de los adultos terminan poniendo en riesgo directo a los menores.

No se trata de hechos aislados ni de exageraciones. Menores de edad manejando UTV, cuatriciclos y otros vehículos que no son aptos para su tamaño ni para su edad se ha vuelto una postal habitual. Vehículos que, además, no están habilitados para ser conducidos por niños o adolescentes, pero que circulan igual, sin controles, sin límites y, lo que es más grave, con la anuencia -cuando no el estímulo- de los adultos responsables.

A esta situación se suma otro factor alarmante: la ausencia total de elementos de seguridad obligatorios. Cascos que no se usan, chalecos salvavidas que brillan por su ausencia y una naturalización del riesgo que resulta difícil de comprender. La imprudencia se repite tanto en tierra como en el agua, como si las normas fueran optativas.

Las consecuencias ya están a la vista. En varias oportunidades, estos episodios terminaron con otros menores como víctimas de accidentes que podrían haberse evitado. Aun así, la escena se repite fin de semana tras fin de semana, como si el peligro fuera parte del paisaje y no una amenaza concreta.

La preocupación va en aumento. Durante este próximo fin de semana de Tetratlón, varias familias decidieron no asistir a El Nihuil por temor a que la situación se salga de control. El mensaje es claro: hay quienes ya no se sienten seguros en un destino turístico que debería ser sinónimo de descanso y recreación, no de miedo e incertidumbre.

Los antecedentes sobran. El año pasado, un choque de lanchas encendió todas las alarmas cuando trascendió que los protagonistas eran menores que ni siquiera contaban con carnet habilitante para conducir vehículos náuticos y que, además, navegaban sin chalecos salvavidas. Un hecho grave que, lejos de generar un cambio estructural, quedó diluido en la impunidad y el olvido.

La pregunta que empieza a resonar con fuerza es incómoda, pero necesaria: ¿qué hecho catastrófico están esperando esos "adultos responsables" para poner un freno a esta conducta? ¿Cuántos accidentes más hacen falta para que alguien asuma que esto no es un juego?

La falta de controles, la permisividad social y la impunidad que rodea a este ambiente conforman un cóctel peligroso. Mientras tanto, los menores siguen expuestos y El Nihuil continúa acumulando señales de alerta que, hasta ahora, parecen no ser escuchadas.