En San Rafael, el apellido pesa. Durante años, los hermanos Omar Félix y Emir Félix construyeron un esquema de poder sólido, con dominio territorial y capacidad electoral. Pero ese mismo modelo que supo ser eficaz hoy muestra signos evidentes de desgaste.
La gestión ya no sorprende, la iniciativa escasea y lo que antes era cercanía, hoy parece repetición. San Rafael cambió, pero el liderazgo parece no haber evolucionado al mismo ritmo. Se administra, pero no se transforma. Y cuando el poder se vuelve costumbre, deja de ser herramienta de cambio.
En ese contexto, el intento de instalar el debate sobre la autonomía municipal expone más debilidades que fortalezas. El pasado domingo, en una movida política que buscó mostrar respaldo interno, fueron convocados dirigentes que acompañan al espacio desde hace años: Gustavo Perret, Pepi Serra, el eterno Mauricio Sat y Germán Gómez.
Sin embargo, lejos de consolidar una posición firme, la estrategia dejó dudas. La propuesta de autonomía aparece cada vez más cuestionada desde el Gobierno provincial, y también genera interrogantes en la propia comunidad. Sus detractores sostienen que detrás del planteo no hay un proyecto claro de desarrollo, sino la intención de ampliar márgenes de poder y discrecionalidad.
A esto se sumó una campaña en redes sociales -con videos y mensajes en Facebook e Instagram- que no logró el impacto esperado. Las intervenciones, forzadas y poco convincentes, dejaron la sensación de que ni siquiera sus propios voceros están plenamente alineados o convencidos.
Pero en off lo que se dice es que el problema de fondo es otro: la interna. Muchos de los dirigentes que hoy acompañan comienzan a mostrar desgaste tras años de relegamiento. Varios de ellos se consideran con méritos suficientes para disputar la intendencia, pero perciben que el espacio no habilita renovación real. Esa tensión, silenciosa pero persistente, erosiona la cohesión del esquema.
El dato político es claro: se acerca un fin de ciclo. Un ciclo largo, de más de dos décadas, que empieza a mostrar su agotamiento. Y cuando eso ocurre, no alcanza con sostener estructuras: se vuelve imprescindible ofrecer respuestas.
Porque los ciclos políticos no terminan solo en las urnas. También dejan balances. Y llegado ese momento, la dirigencia deberá explicar decisiones, gestiones y resultados ante la sociedad de San Rafael, y -si correspondiera- ante las instituciones.
El poder, cuando no se renueva, se desgasta. Y en San Rafael, todo indica que ese proceso ya está en marcha.