Mariano Barroso construye una vida profesional atravesada por dos mundos que, a simple vista, parecen opuestos: el derecho y su pasión por los caballos. Mientras su jornada laboral transcurre entre tribunales, asesoramientos legales y análisis jurídicos, asegura que su equilibrio personal se encuentra lejos del escritorio, en contacto directo con los caballos.
Como profesional del derecho desarrolla su actividad en el ámbito civil y comercial, y reconoce que la profesión le implica trabajar permanentemente con conflictos y problemáticas humanas, por lo que asegura que encuentra en los caballos un verdadero equilibrio personal.
En este contexto, la equitación ocupa un lugar fundamental en su vida. Su vínculo con los caballos nació cuando tenía apenas siete años, como una actividad deportiva que con el tiempo se transformó en una verdadera pasión. Lo que empezó como un espacio recreativo terminó convirtiéndose también en un proyecto productivo y de largo plazo.
Hace aproximadamente cinco años decidió dar un paso más y apostar a la cría de caballos de salto argentino, una actividad poco desarrollada en el Sur mendocino. En su establecimiento ubicado en la zona de Las Paredes comenzó a trabajar en la selección genética y el desarrollo de ejemplares destinados a la equitación deportiva.
El crecimiento del emprendimiento implicó inversión, formación y aprendizaje constante. Durante los primeros años debía trasladar sus yeguas a otras provincias para realizar procesos reproductivos, pero hoy logró completar todo el circuito dentro de su propio predio, incorporando genética europea mediante la importación de semen de caballos de alto nivel competitivo.
El objetivo no es solo producir animales, sino construir un proyecto con proyección. Barroso busca formar caballos preparados para competir y, a futuro, posicionar la producción sanrafaelina en remates y plataformas de venta online dirigidas al mercado nacional y latinoamericano.
Impulsar una iniciativa de estas características desde San Rafael representa un desafío adicional. A diferencia de otras regiones del país con tradición ecuestre consolidada, el sur mendocino aún no figura entre los principales polos de cría deportiva. Sin embargo, esa misma condición se convierte también en un motor para innovar y abrir nuevos caminos.
Su rutina cotidiana refleja esa dualidad: reuniones con clientes y audiencias judiciales se alternan con jornadas en el campo, controles veterinarios, entrenamientos y planificación genética. Dos actividades distintas que, lejos de competir entre sí, se complementan.
Barroso define al campo como una "oficina sin paredes", un espacio donde logra desconectarse de la tensión profesional sin dejar de trabajar. Allí encuentra la calma necesaria para sostener una carrera jurídica exigente y, al mismo tiempo, desarrollar un emprendimiento basado en la pasión.
Lejos de elegir entre una vocación u otra, decide integrarlas. Hoy avanza en la consolidación de su estudio jurídico mientras proyecta el crecimiento de su criadero, convencido de que el equilibrio personal también puede convertirse en una forma de construir futuro.