El desalojo de una mujer puestera de 70 años en la zona del Cerro Nevado generó conmoción en San Rafael y despertó una fuerte reacción solidaria encabezada por la Reina Nacional de la Vendimia, Azul Antolínez, quien impulsó una campaña para ayudarla a recuperar un hogar.
Se trata de Hilda Arenas, histórica pobladora del puesto conocido como "El Lechuzo", quien fue desalojada durante la jornada del viernes en un procedimiento que, según denunciaron vecinos y organizaciones civiles, se habría realizado de manera violenta.
Al momento del operativo, la mujer se encontraba sola, ya que su hijo -integrante de la familia Acosta Arenas- estaba fuera del lugar por una intervención médica programada. Testimonios recogidos en la zona aseguran que la familia reside allí desde hace generaciones y venía reclamando la posesión ancestral del predio.
Desde la organización Malalweche señalaron que el procedimiento dejó a la mujer sin vivienda y con gran parte de sus pertenencias en el exterior, además de animales que no pudieron ser retirados. También indicaron que no sería la primera vez que la familia enfrenta intentos de desalojo, conflictos que -según relatan- se remontan a la década del 90.
De acuerdo con las denuncias difundidas por vecinos, detrás de la orden judicial habría intereses vinculados a un empresario que ya habría impulsado otros desalojos en la región. El caso volvió a poner en debate la situación de los puesteros y crianceros del sur mendocino, especialmente en relación con la tenencia de tierras rurales y el reconocimiento del arraigo histórico de las familias.
Tras conocerse la situación, la Reina Nacional de la Vendimia, Azul Antolínez, decidió involucrarse personalmente y promover una campaña solidaria para asistir a Doña Hilda.
Gracias a la donación de un terreno realizada por una de sus hijas, comenzó a organizarse una red comunitaria destinada a reunir materiales de construcción, alimentos, abrigo y elementos básicos con el objetivo de levantar una nueva vivienda.
La iniciativa rápidamente sumó el apoyo de vecinos, organizaciones sociales y ciudadanos que buscan transformar una situación dolorosa en una oportunidad de reconstrucción.
El caso de Hilda Arenas trascendió lo individual y se convirtió en símbolo de la vulnerabilidad que atraviesan muchas familias rurales. Mientras continúa el debate legal y social por la tierra, la comunidad sanrafaelina apuesta a devolverle algo esencial: un hogar, estabilidad y dignidad tras décadas de vida en el campo.