Por Franco Ambrosini, diputado provincial.
Una de las grandes deudas que tiene el Municipio con los vecinos está relacionada con el tratamiento de los residuos sólidos, que se siguen depositando en el vertedero ubicado en La Tombina.
Mientras el Municipio local se enfoca enfáticamente en inversiones faraónicas para intentar recuperar el centro de San Rafael, como lo fue el edificio construido en la Vieja Terminal, en 20 años de gestión todavía no supo resolver el tratamiento de estos residuos como así lo realizaron otros municipios de la provincia y del país.
Hace una semana tuvimos en el departamento un evento dedicado a la economía circular, que nace a partir del reciclado de los residuos y que genera un circuito virtuoso.
En San Rafael se intentó imponer la Agenda Verde a partir de la recolección diferenciada con estaciones ecológicas que no funcionaron y fueron vandalizadas en más de una oportunidad. Esa experiencia resultó nefasta para los vecinos de cada barrio, que sufrieron el acopio indiscriminado de basura frente a sus domicilios y, absurdamente, en algunos lugares en plazas públicas, debido a los tiempos que manejó el Municipio al tercerizar la recolección.
Con toda franqueza, se hace necesario construir e instalar una planta de tratamiento de residuos sólidos para saldar esta deuda y evitar el entierro a cielo abierto, que es una práctica contaminante y del pasado. Fijar prioridades con presupuestos acotados es hablar de gestión pública en favor de los vecinos.
Se hace necesario empezar a hablar de estos temas, que no solo ayudarán al medio ambiente sino también a la economía de muchas familias que pueden dedicarse al reciclado y la venta del mismo.
Este cambio genera tres consecuencias positivas. En primer lugar, se enfoca en la economía circular: el personal clasifica los residuos secos -plásticos, cartón, aluminio y vidrio- para su posterior comercialización. En segundo lugar, es integrador, porque se trabaja en conjunto con la Asesoría de Gestión Ambiental, la Dirección de Servicios Públicos y una cooperativa. En tercer lugar, contempla un tratamiento adicional para gestionar residuos especiales, como neumáticos fuera de uso y aceite vegetal usado, para transformarlo en biocombustible.
En San Rafael tenemos la obligación de empezar a trabajar en estos temas que, desde hace décadas, se impusieron en el resto del mundo, y dejar de gestionar obras que deberían realizar los privados, como sucedió con la Vieja Terminal.