Mientras el discurso oficial habla de austeridad, de cuidar cada peso y hasta de buscar financiamiento para terminar obras, en los pasillos del Concejo Deliberante hay una pregunta que resuena: ¿por qué el municipio pretende perdonarles el canon a espectáculos privados que llegan para hacer un negocio?
La discusión volvió a escena con una seguidilla de pedidos al Concejo Deliberante para eximir del pago del uso del Cine Teatro Roma a productores que traen figuras de renombre. No se trata de festivales solidarios, funciones para escuelas o eventos organizados por instituciones sin fines de lucro. Son espectáculos comerciales, con entradas que se venden a valores de mercado y que, según comentan quienes conocen el rubro, pueden recaudar varias decenas de millones de pesos en una sola noche.
El canon en discusión tampoco parece desproporcionado. Un millón de pesos como máximo. Una cifra que, comparada con la recaudación que suelen generar artistas como León Gieco, Gabriel Rolón u otras figuras nacionales cuando pisan San Rafael, representa apenas una pequeña parte del negocio.
La explicación oficial es conocida: si se cobra el canon, algunos artistas podrían elegir no venir. Un argumento que en Cultura sostienen desde hace tiempo para justificar las excepciones.
Pero en el ambiente político ya empiezan a aparecer otras lecturas. Porque mientras se habla de ajustes, de recursos escasos y de la necesidad de administrar con lupa, también se renuncia a ingresos que podrían destinarse al propio teatro. Y no son pocos los que se preguntan si el Roma, que hace tiempo muestra necesidades de mantenimiento e inversión, no tendría justamente allí una fuente para mejorar sus instalaciones.
La comparación también incomoda. Si un comerciante, un vecino o un contribuyente común debe afrontar tasas y obligaciones sin demasiadas contemplaciones, si cada vez es mayor el espacio de estacionamiento medido para poder recaudar, ¿qué criterio se utiliza para decidir quién paga y quién no cuando un negocio mueve millones?
Nadie discute el valor cultural de que grandes artistas lleguen a San Rafael. La verdadera discusión parece pasar por otro lado: si el esfuerzo económico debe hacerlo toda la comunidad o quienes obtienen una ganancia privada con cada función.