La comunidad educativa de la Escuela 4-117 Ejército de Los Andes le regaló una despedida inolvidable. Entre aplausos, gritos y muestras de afecto, estudiantes y docentes acompañaron al profesor en su último día de actividad.
Hay despedidas que hablan por sí solas y dejan en evidencia la huella que una persona construyó a lo largo de los años. Así fue el último día del profesor Alberto Giménez en la Escuela 4-117 Ejército de Los Andes, donde recibió un emotivo reconocimiento de toda la comunidad educativa al comenzar una nueva etapa: su jubilación.
En medio de un clima cargado de emoción, alumnos y profesores se reunieron para acompañarlo en su despedida. Le hicieron un camino de honor, entre aplausos y muestras de cariño, mientras los estudiantes gritaban su nombre y lo ovacionaban a medida que avanzaba.
La escena se convirtió en un momento profundamente conmovedor. Los aplausos, las voces de los chicos y el reconocimiento de sus compañeros transformaron su último día en la institución en una celebración del camino recorrido.
Porque más allá de los contenidos enseñados y las horas frente al aula, la docencia también se construye con vínculos, afectos y recuerdos que permanecen en el tiempo.
Alberto Giménez se despidió de las aulas, pero se llevó algo que no se obtiene con ningún título: el cariño y el reconocimiento de sus alumnos y de toda una comunidad educativa.
Una jubilación que comienza con una certeza: cuando un docente deja huella, su paso por la escuela nunca termina del todo.