Los autores del trabajo analizaron datos de más de 85.500 personas que durante ocho años llevaron un acelerómetro.
Según los resultados, las personas que sufrían privación de sueño y no lo recuperaban fueron más propensas a morir, especialmente en condiciones de déficit grave. En contraste, quienes volvían a dormir tras episodios de privación no mostraron un aumento del riesgo de mortalidad. De otra parte, los autores consideran que tras un episodio de privación es mejor dormir la noche siguiente y no esperar hasta el fin de semana.
"Nuestros hallazgos sugieren que la restricción del sueño a corto plazo podría ser perjudicial, en particular para las personas que duermen poco, y destacan el rebote agudo del sueño como una estrategia potencial para mitigar el riesgo de mortalidad", señalan.