SpudCell puede dividirse, pero sigue dependiendo del laboratorio para funcionar.
"SpudCell realiza funciones que a menudo se usan para distinguir lo vivo de lo inerte", indicaron los investigadores.
Aun así, SpudCell no es autosuficiente. No puede producir sus propios ribosomas, las estructuras celulares responsables de fabricar proteínas, por lo que los especialistas deben suministrárselas junto con enzimas. Además, cada linaje dura solo entre cinco y diez generaciones.
Su genoma también es mucho más pequeño que el de una célula humana: contiene unas 90.000 pares de bases, frente a los 3.000 millones del genoma humano. Esa información genética está dividida en siete moléculas de ADN, lo que hace que no siempre se transmita completa a la siguiente generación.
El objetivo de estos experimentos es entender cuáles son los componentes mínimos necesarios para que una célula funcione. Ese conocimiento podría ayudar en áreas como la investigación médica y la exploración espacial, entre otros campos de estudio.
La primera célula artificial fue creada en 1957 por el físico e inventor canadiense Thomas Ming Swi Chang. En 2010, investigadores del Instituto J. Craig Venter desarrollaron con un genoma sintético de células mínimas capaces de dividirse por sí mismas.
Los investigadores esperan que futuras versiones de SpudCell puedan fabricar sus propios ribosomas, transmitir mejor la información genética completa y depender menos del "alimento" rico en enzimas que reciben en el laboratorio. Expertos en bioseguridad consideran que, por ahora, este tipo de células artificiales no representa una amenaza inmediata.
Fuente: RT