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Tiempo Libre

Más allá del engaño: por qué algunas personas siguen mintiendo incluso cuando fueron descubiertas

Lunes, 5 de Octubre de 2026

Es una situación que genera desconcierto y frustración: alguien es confrontado con la verdad, la evidencia es irrefutable, pero la persona insiste en su relato falso. Según los especialistas en salud mental, este comportamiento no es un simple error de comunicación, sino que suele ser la manifestación de un patrón de mentira compulsiva o mitomanía, donde el engaño se vuelve una conducta automática y difícil de frenar.

Históricamente, la mentira ha sido analizada como un rasgo inherente a la condición humana, presente desde la infancia. Si bien existen las llamadas "mentiras esporádicas" -aquellas que surgen como un mecanismo de defensa social-, la psicología distingue claramente este comportamiento de la mitomanía. Mientras que la mentira común busca un beneficio o evitar un castigo, el mitómano miente por una necesidad interna, muchas veces sin un objetivo claro y sosteniendo su versión incluso cuando sabe que su interlocutor ya conoce la realidad.

Los datos respaldan que el terreno de la mentira es más común de lo que creemos. Estudios de la Universidad de Massachusetts han llegado a sugerir que cerca del 60% de las personas recurren a alguna falsedad durante una charla de apenas diez minutos. Sin embargo, el problema escala cuando la mentira se convierte en el lenguaje cotidiano. En estos casos, el sujeto siente una incomodidad genuina ante la verdad, prefiriendo la construcción de una realidad paralela que, con el tiempo, termina erosionando vínculos afectivos y laborales, derivando en un aislamiento social inevitable.

Desde la perspectiva clínica, este comportamiento suele estar anclado en una autoestima frágil. La persona siente que su propia vida carece de valor o interés, por lo que recurre a la invención para ganar aceptación, admiración o simplemente para sobrellevar inseguridades profundas. Los expertos clasifican este fenómeno en diversas variantes, desde la mitomanía relacional -buscando caer bien- hasta la pseudología fantástica, donde el relato es tan elaborado que el propio emisor termina creyendo su historia como si fuera un hecho verídico.

Ante la persistencia de este patrón, la recomendación de los profesionales es clara: no se trata de un problema de "mala voluntad", sino de una conducta que requiere atención. Si la mentira se vuelve un hábito incontrolable que afecta la calidad de vida, la consulta con un psicólogo es el paso fundamental para entender qué malestar profundo está intentando ocultar el paciente y trabajar en herramientas para construir una identidad real y saludable.