Walther Marcolini siempre fue un político que dio sorpresas a su electorado: un día anunciaba con bombos y platillos una fábrica de huevos y a la semana, con la misma liviandad y la misma cara de nada, anunciaba un aeropuerto internacional en la ciudad de General Alvear. Así también, un día se despertó y se le ocurrió no ser más radical para pasarse a las filas de La Libertad Avanza.
Ahora, en esta última semana, Marcolini fue tendencia -y lo sigue siendo- porque presentó su declaración jurada anual, donde sus bienes rondan aproximadamente el millón de dólares. Esta situación no la atraviesan muchos legisladores, salvo un par del sur, de San Rafael, pertenecientes a familias patricias, por llamarlos de alguna manera.
Las propiedades y los números que llaman la atención
Entre las cifras que salieron a la luz sobre su patrimonio figuran 4 propiedades: en una posee el 100%, en otra el 25%, y en las dos restantes el 50% junto a su cónyuge. Sin embargo, lo que genera indignación son los irrisorios montos declarados: una casa de 180 m² cotizada en apenas 10 millones de pesos, otra de 280 m² por un valor sorprendente de 6 millones de pesos, y dos inmuebles de 60 y 55 m² valuados fiscalmente en 4 y 5 millones de pesos.
Doble discurso y ataque a la prensa
¿Qué es lo peor de esto? Desnuda una vez más la verdadera personalidad de ese Marcolini que, por un lado, toma mate con los vecinos pero, por el otro, no los dejaba sentarse en su despacho cuando entraban.
Marcolini hizo un descargo en Instagram donde lo único que hace es demostrar quién es. Al finalizar -haciéndose el artista, porque lo es- se levanta y dice: "¿Tanto miedo me tienen?". Pero cuando uno mira la publicación los comentarios están desactivados, justamente para que la gente no le escriba lo que piensa de él, aunque ya se lo dijo claramente en las urnas.
En su enojo, culpó a TVCOA y lo llamó amarillista; culpó al exgerente de TVCOA, Diego Musa, y también a funcionarios municipales, cuando las inversiones las hizo el propio intendente. La reacción del senador afirma que no tiene forma alguna de explicar lo inexplicable, y eso lo enfurece. Debería trabajarlo con un buen profesional porque, en definitiva, es un empleado público... y bastante caro.