En medio de la fiebre mundialista, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) quedó bajo la mira de la justicia estadounidense. Fiscales federales y agentes del FBI iniciaron una serie de testimonios para desentrañar un complejo esquema de operaciones financieras, contratos comerciales y manejo de fondos que salpican directamente a la gestión de Claudio "Chiqui" Tapia, bajo sospecha de lavado de activos y fraude bancario.
El disparador de esta investigación no es nuevo. Ya en septiembre de 2024, desde el Ministerio de Seguridad argentino se habían enviado alertas a la administración Trump sobre movimientos irregulares. Aunque en una primera instancia el FBI consideró que no existían pruebas suficientes para abrir un expediente criminal, el panorama cambió drásticamente a fines del año pasado tras la aparición de nueva documentación que obligó a los fiscales Patrick Gushue, Christopher Ting y Michael Berger a retomar el caso.
El eje central de la causa es la firma TourProdEnter LLC, vinculada al empresario teatral Javier Faroni, que habría operado como agente de cobro de los contratos internacionales de la AFA. Según los registros, la compañía movió cerca de 260 millones de dólares a través de bancos de primera línea como Citibank, JP Morgan y Bank of America, de los cuales 57 millones fueron transferidos a sociedades sin una justificación clara sobre su origen o destino. El empresario Guillermo Tofoni, denunciante clave en este entramado, será uno de los citados a declarar para explicar cómo se estructuró esta arquitectura financiera.
La justicia norteamericana no descarta citar a exfuncionarios del gobierno de Javier Milei que tuvieron bajo su órbita el control o el acceso a información sensible sobre los manejos de la entidad. La intención es reconstruir la ruta del dinero y determinar si las maniobras se realizaron bajo jurisdicción estadounidense, lo que le daría al caso un alcance judicial mucho más grave para los involucrados.
Por ahora, la AFA mantiene un silencio hermético mientras el foco de las autoridades estadounidenses se intensifica, buscando dilucidar si los contratos comerciales del fútbol argentino fueron utilizados como pantalla para operaciones ilícitas que ahora amenazan con salpicar la cúpula de la entidad madre de nuestro fútbol.