de

País

La inflación no baja del 2%, el consumo no se recupera y vuelve un clásico: el fiado

Domingo, 25 de Octubre de 2026

La inflación desacelera, pero el bolsillo todavía no encuentra alivio. Los precios continúan subiendo, los alimentos vuelven a presionar sobre el presupuesto familiar y el consumo masivo no consigue consolidar una recuperación. En los comercios de barrio, el ajuste se traduce en compras más pequeñas, cambios de marcas y una práctica que vuelve a ganar protagonismo: el fiado.

El escenario combina dos dificultades para la economía argentina: la resistencia de los precios a bajar su ritmo de aumento y la falta de una mejora sostenida en la capacidad de compra de los hogares. Mientras las consultoras prevén que la inflación se mantenga cerca del 2% mensual hasta diciembre, los datos de ventas muestran que la moderación inflacionaria todavía no alcanza para reactivar el consumo.

En septiembre, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una suba del 1,9%, después del 1,7% de agosto. Para octubre, las primeras estimaciones privadas anticipan un resultado similar, de entre el 1,8% y el 2%. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) difundirá el dato oficial el 12 de noviembre.

Los alimentos ponen presión sobre los precios

Una de las señales más claras de la persistencia inflacionaria aparece en las góndolas. Según el último relevamiento semanal de LCG, los alimentos y las bebidas aumentaron un 0,5% durante la tercera semana de octubre. Con ese resultado, el rubro acumuló siete semanas consecutivas de subas.

Las bebidas encabezaron los incrementos, con un 1,1%, seguidas por las carnes, que avanzaron un 0,5%. En sentido contrario, las verduras bajaron un 0,31% y los productos agrupados en azúcar, miel, dulces y cacao retrocedieron un 0,25%.

El relevamiento de Eco Go también detectó aumentos en los alimentos y las bebidas no alcohólicas, con una variación semanal del 0,59%. En esa medición, los panificados y cereales subieron un 2,1%; las frutas, un 1,7%; y el azúcar y los dulces, un 1,2%. Los lácteos y los huevos, en cambio, bajaron un 0,5%.

Aunque las cifras difieren por las metodologías y las canastas utilizadas, los dos relevamientos muestran que los alimentos siguen teniendo un peso relevante en la evolución de los precios. Se trata, además, de gastos que las familias no pueden eliminar y que obligan a reorganizar otras compras cuando los ingresos no alcanzan.

Qué esperan las consultoras

Las estimaciones privadas coinciden en que la inflación difícilmente registre una desaceleración pronunciada durante el cierre de 2026.

Lorenzo Sigaut Gravina, economista de Equilibra, proyectó un aumento cercano al 1,9% para octubre. Claudio Caprarulo, de Analytica, también espera un resultado próximo al 2%, mientras que Sebastián Menescaldi, de Eco Go, ubicó su pronóstico entre el 1,8% y el 1,9%.

Para noviembre y diciembre, las previsiones siguen en un rango similar. Analytica espera que la inflación oscile entre el 1,7% y el 2% mensual, mientras que otros economistas consideran probable que se mantenga cerca del límite superior de ese intervalo por las presiones estacionales y la evolución de determinados precios.

Entre los factores que pueden complicar una mayor desaceleración aparecen los combustibles, las tarifas y la carne. Esta última concentra la atención porque, aunque los precios minoristas prácticamente no variaron durante la tercera semana de octubre según Eco Go, los valores mayoristas acumularon un aumento del 3,6% en tres semanas.

A esto se suma la evolución de los precios mayoristas en general. En septiembre, el índice que mide los valores en una etapa anterior a la venta minorista aumentó un 3,2%, impulsado especialmente por los combustibles y la energía. Estos incrementos pueden trasladarse a otros costos de la economía, aunque su impacto final sobre los precios al consumidor no es automático ni inmediato.

Para el cierre del año, Equilibra proyecta una inflación acumulada de entre el 30% y el 31%, mientras que Eco Go estima un resultado cercano al 30%, aunque ligeramente inferior.

El propio presidente Javier Milei reconoció recientemente que los indicadores económicos no evolucionan tan favorablemente como se esperaba inicialmente y atribuyó parte de las dificultades al contexto internacional, marcado por mayores presiones inflacionarias, tasas de interés elevadas y una menor actividad económica.

El consumo sigue en rojo

La moderación de los precios no se traduce, por ahora, en una recuperación sostenida de las ventas. Los datos de Scentia muestran que el consumo masivo cayó un 1% mensual en septiembre y un 1,2% interanual. Entre enero y septiembre, la contracción acumulada llegó al 2,7% frente al mismo período de 2025.

La caída alcanzó a varios canales comerciales. En septiembre, las ventas retrocedieron un 5,3% mensual en supermercados, un 6,7% en mayoristas y un 1,8% en autoservicios independientes. En cambio, los kioscos y canales tradicionales registraron un crecimiento del 2,3%, mientras que las farmacias avanzaron un 2%.

El comportamiento dispar no modifica el panorama general: las compras cotidianas continúan condicionadas por la capacidad de pago de los consumidores. Los comercios de cercanía, en particular, advierten que cada vez más clientes administran sus ingresos mediante compras pequeñas y frecuentes, en lugar de abastecerse para varios días.

Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros, describió una situación en la que el dinero disponible se agota antes de que termine el mes. Según su experiencia, los primeros días posteriores al cobro concentran una mayor actividad, pero luego se multiplican las compras de cantidades mínimas.

El problema no se explica solamente por los aumentos del mes. Los gastos de servicios, transporte, cobertura médica y otras obligaciones absorben una parte importante de los ingresos, lo que reduce el margen para comprar alimentos y otros productos básicos.

Segundas marcas y fiado, estrategias para llegar a fin de mes

La pérdida de capacidad de compra también modifica los hábitos de consumo. Los comerciantes observan una mayor demanda de segundas marcas y productos de pequeñas y medianas empresas, que compiten con las marcas tradicionales a través de precios más bajos.

El fiado también vuelve a ocupar un lugar importante en los almacenes. Algunos clientes recurren al crédito informal para completar las compras antes de cobrar, aunque esa práctica tiene límites: los pequeños comerciantes disponen de recursos acotados para financiar a sus clientes y necesitan recuperar el dinero para reponer mercadería y afrontar sus propios costos.

Cuando los pagos se demoran, el problema se extiende al funcionamiento del negocio. La falta de liquidez reduce la capacidad de mantener el stock y obliga a administrar con mayor cuidado cada compra a los proveedores.

Así, el deterioro del consumo no se limita a la cantidad de productos que las familias llevan a sus casas. También repercute en los comercios que dependen de una rotación constante de mercadería y que deben afrontar impuestos, tarifas y otros gastos aun cuando las ventas quedan por debajo de lo esperado.