Este 6 de enero, el granizo volvió a golpear con dureza a San Rafael. Las zonas más afectadas fueron Jaime Prats y Real del Padre, una localidad que hoy revive una tragedia conocida: exactamente hace un año, en la misma fecha, la piedra destruyó su cosecha y la dejó sin producción. Doce meses después, la historia se repite.
Los aviones de la lucha antigranizo estaban operando desde aproximadamente las dos de la tarde. No faltó combustible, no faltó pericia de los pilotos, no faltó voluntad, no faltó presencia aérea. Lo único que faltó fue un sistema que funcione.
Porque el problema no es operativo ni circunstancial. El problema es estructural. La lucha antigranizo no funciona. No funciona hoy, no funcionó ayer y no funcionará mañana bajo este esquema. Los productores lo saben y los agricultores lo padecen, año tras año, mientras el municipio insiste en sostener un sistema obsoleto, sin eficacia comprobada y abandonado en gran parte del mundo.
¿Por qué se mantiene entonces? La respuesta es evidente: porque es caja. Una caja más dentro de un esquema municipal donde el manejo del dinero resulta cada vez menos claro y más oscuro. A miles de sanrafaelinos se les cobra dinero para sostener un sistema que no los protege ni les garantiza compensación alguna.
Como si esto fuera poco, el municipio intenta minimizar el daño del granizo sosteniendo que la fruta que queda puede transformarse en pulpa. Para eso se construyó una pulpera municipal. La realidad es contundente: la pulpera no funciona. No tiene capital, no tiene fondos y hoy necesitaría alrededor de 1.100 millones de pesos para operar. Es, simplemente, otro monumento a la corrupción.
Y no es el único. A la pulpera se suman la vieja terminal de ómnibus, el parque infantil, la plaza San Martín, y los paseos Dean Funes y Rawson, obras que costaron cifras desproporcionadas y que hoy son símbolos del despilfarro y del negocio con el cemento.
Mientras tanto, el productor queda solo. El municipio no piensa en el agricultor de a pie, no piensa en los distritos, no piensa en Pueblo Diamante ni en la Isla del Río Diamante. Solo le interesa el cemento, las obras vistosas y los circuitos donde el dinero siempre termina en los mismos lugares.
Existe una alternativa mucho más lógica y eficaz: seguros de granizo individuales, que permitirían cubrir pérdidas reales sin depender de aviones ni de sistemas que fracasan. Pero esa solución no genera caja, y por eso nunca se impulsa.
Hoy es un día triste para San Rafael y para todo el Sur de Mendoza. Porque cuando cae el granizo no solo se pierde la cosecha: queda al descubierto un sistema que abandona, una política que fracasa y una responsabilidad que alguien debe asumir.