Hoy 2 de abril, se cumple el 44º aniversario de la Guerra de Malvinas y en este contexto como cada año dialogamos con un veterano para que cuente esa parte de su historia. En esta oportunidad hablamos con el veterano entreriano, radicado en San Rafael, Mario Puente compartió su testimonio sobre su experiencia durante el conflicto bélico, la dura posguerra y el camino personal que encontró para sanar las heridas que dejó la guerra.
Puente recordó que el 28 de marzo de 1982 fue embarcado junto a otros soldados sin saber cuál era el destino final. "Nos subieron a un barco con rumbo desconocido. Recién el 1 de abril me enteré que íbamos a Malvinas, cuando ya teníamos las islas y el enemigo enfrente", relató.
Una de las imágenes que más lo marcó fue el miedo que observó en superiores y suboficiales. "Recuerdo verlos llorando. Yo no entendía ese sentimiento porque era muy joven, no tenía hijos ni familia formada como muchos de ellos. Con el tiempo comprendí lo que significaba", expresó.
El veterano también hizo hincapié en la importancia de la empatía hacia quienes combatieron y explicó que muchos ex soldados aún eligen el silencio. "Hay compañeros que no quieren hablar. Cada uno vive su proceso de una manera distinta y eso también hay que respetarlo", señaló.
Sobre el regreso al país, Puente fue contundente al describir una de las etapas más difíciles de su vida. "Se fue un Mario con 18 años recién cumplidos y volvió un Mario como de 35, con un profundo amor por la patria y por todos los soldados que estuvimos allá. Pero nadie nos preparó para volver ni para lo que nos encontramos acá", afirmó.
Según contó, la posguerra fue extremadamente dolorosa. "Nadie te preguntaba nada, nadie quería escuchar. Tuve que irme de mi pueblo. Fue una etapa muy dura", recordó, al tiempo que remarcó que muchos veteranos debieron enfrentar en soledad las consecuencias psicológicas y emocionales del conflicto.
Años después decidió regresar a las islas como parte de un proceso personal de sanación. Allí participó en una maratón que, según explicó, le permitió cerrar heridas abiertas durante décadas. También integró una expedición al Aconcagua junto a veteranos británicos, una experiencia que marcó un fuerte mensaje de reconciliación.
"El deporte fue mi refugio y creo que me salvó. Me ayudó a sanar", expresó Puente, quien además destacó el valor de poder dialogar con antiguos enemigos. "Muchos de ellos tienen los mismos problemas o heridas que nosotros. Yo intenté salir de mi trinchera e intento hacerlo todos los días", reflexionó.
Su testimonio vuelve a poner en valor la memoria, el reconocimiento y la necesidad de escuchar a quienes vivieron la guerra en primera persona, entendiendo que Malvinas no terminó en 1982, sino que continúa presente en la historia y en la vida de cada veterano.