En política, las fotos hablan. Y a veces gritan.
El pasado jueves, en la asunción de concejales, hubo una presencia que no pasó desapercibida: la ex concejal radical Clarisa Barchiesi volvió a mostrarse junto a la tropa boinablanca, como si el tiempo -y las decisiones recientes- no hubieran existido.
Esta es la imagen que la concejal Romina Giraudo compartió en sus redes sociales.
Hasta hace apenas unos meses, Barchiesi había pegado el portazo. Su salida del radicalismo no fue silenciosa ni sutil: recaló en el espacio de Luis Petri y Mendocinos por el Futuro, movimiento que se terminó de blanquear cuando fue designada como asesora en el Ministerio de Defensa. Cambio de estructura, cambio de alineamiento y, sobre todo, cambio de discurso.
Pero la escena del jueves dejó más preguntas que certezas.
Porque una cosa es asistir a un acto institucional, saludar y retirarse. Otra muy distinta es formar parte de la foto política. Y Barchiesi no solo estuvo: posó junto al equipo de Abel Freidemberg, el mismo espacio del que se había alejado cuando decidió mudar de convicciones.
Ahí es donde la imagen empieza a incomodar.
¿Se trató de un gesto de cortesía hacia Giraudo? ¿Un intento de reconstruir puentes? ¿O simplemente la confirmación de que, en la política local, las fronteras ideológicas son cada vez más difusas?
Lo cierto es que el movimiento no pasó inadvertido puertas adentro del radicalismo. Algunos lo leyeron como una señal de acercamiento. Otros, con más memoria que paciencia, lo interpretaron como una postal de oportunismo