A un año del brutal femicidio de Rocío Maricel Collado, el dolor permanece intacto. Para Susana y Raúl, sus padres, el paso del tiempo no logró ordenar las preguntas ni encontrar una explicación para aquello que todavía sienten como imposible de comprender.
Rocío tenía 31 años, era profesora de Lengua y desarrollaba su tarea docente en distintas instituciones educativas de San Rafael. También estudiaba en el Instituto de Educación Normal Superior. Era una joven con proyectos, sueños y una vida que compartía junto a Yamil Yunes, el hombre que hoy se encuentra detenido e imputado por su asesinato.
En una entrevista que realizamos con sus padres, Susana y Raúl recorrieron esos últimos días y hablaron de Rocío, de su personalidad, de sus proyectos y de una relación que, desde lo que ellos conocían, no había mostrado señales que les permitieran imaginar el fatal desenlace.
Sus padres cuentan que mantenían una buena relación con Yunes. Era alguien a quien conocían desde hacía muchos años y con quien Rocío prácticamente había crecido. Habían compartido numerosos acontecimientos familiares, reuniones y momentos que formaban parte de la vida cotidiana de ambas familias.
Por eso, un año después, una de las preguntas que más los atraviesa continúa siendo la misma: ¿qué pasó?
Rocío tampoco había manifestado ante ellos que estuviera atravesando una situación de violencia o que la relación estuviera pasando por un momento conflictivo. No les había contado nada a sus padres, a su hermana ni a sus amigos que pudiera anticipar lo que finalmente sucedió.
Lejos de una ruptura anunciada, la pareja tenía proyectos en marcha. Entre ellos estaba la compra de un vehículo (el utilizado por Yunes para descartar su cuerpo) y la construcción de un departamento que avanzaba como parte de los planes que tenían para su vida juntos.
Esos proyectos son hoy parte de los recuerdos que más duelen. Porque detrás de cada uno había una idea de futuro que quedó interrumpida de manera brutal.
La desaparición y el hallazgo
La tragedia comenzó a tomar forma luego que Rocío saliera a bordo de la Fiat Fiorino que compartía con Yunes, pasado el mediodía del 25 de septiembre, luego de haber dado clases en la escuela Ebyma. Su familia se encontraba en la capital provincial y no habían mantenido contacto con ella durante la jornada.
Hacia las 3 de la mañana del día siguiente, sus padres fueron sorprendidos por la policía, a raíz de una denuncia de desaparición de su hija, que había sido realizada por la familia Yunes.
Desde ese momento fueron horas de desesperación y preocupación, hasta que cerca del mediodía el cuerpo de la joven fue encontrado en el interior del utilitario, que había sido dejado en calle Izuel al 800.
El cuerpo había sido envuelto en una sábana y presentaba signos compatibles con una muerte violenta. Rocío fue asfixiada y posteriormente el femicida le propinó una herida de arma blanca profunda en el cuello y en otras partes de cuerpo.
La investigación quedó rápidamente bajo la órbita de la Fiscalía de Violencia de Género y las sospechas se concentraron en Yamil Yunes, quien fue detenido y trasladado inicialmente al Hospital Schestakow debido a un cuadro de alteración psicótica, en un contexto que también fue relacionado con el consumo de drogas.
Con el avance de la investigación, Yunes quedó imputado por homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género. Actualmente cumple prisión preventiva en el penal de San Felipe en la Capital provincial.
La causa fue incorporando distintas pruebas y peritajes, entre ellos estudios tecnológicos sobre dispositivos secuestrados y análisis psicológicos y biológicos vinculados con elementos incorporados al expediente.
Uno de los aspectos que debía resolverse estaba relacionado con la capacidad psíquica del acusado. La pericia psiquiátrica concluyó que Yunes no presenta una patología psíquica aguda que le impida comprender sus actos, por lo que fue considerado imputable.
Ese resultado permitió despejar uno de los puntos pendientes de la investigación y dejó a la causa en condiciones de avanzar hacia una eventual elevación a juicio.
De concretarse esa instancia, el proceso se desarrollaría mediante juicio por jurados en los tribunales de San Rafael.
Una ausencia que se siente todos los días
El femicidio de Rocío no solamente golpeó a su familia. También tuvo un profundo impacto en la comunidad educativa sanrafaelina. La joven ejercía como profesora de Lengua en establecimientos como la Escuela Normal, Molina y Ebyma, además de continuar con su formación docente.
Su muerte provocó muestras de dolor y duelo en las instituciones donde trabajaba y estudiaba, dejando también una profunda huella entre colegas, alumnos y compañeros.
Pero para Susana y Raúl, Rocío no es solamente la docente cuya muerte conmocionó a San Rafael. Es su hija. La joven que tenía proyectos, que construía un futuro, que compartía momentos familiares y que un día dejó de volver a casa.
A un año del femicidio, sus padres todavía intentan reconstruir las últimas horas de su vida y encontrar respuestas a una pregunta que no deja de aparecer: cómo una relación que ellos percibían de una determinada manera pudo terminar en un crimen tan brutal.
En la entrevista que acompaña esta nota, Susana y Raúl hablan desde ese lugar. Sin respuestas definitivas, con el dolor de la ausencia y con los recuerdos todavía presentes, cuentan quién era Rocío, cómo era su relación con Yunes y cuáles eran los proyectos que ambos tenían por delante.
Un año después, mientras la Justicia continúa avanzando hacia una posible instancia de juicio, la familia sigue esperando respuestas. Y detrás del expediente, de las pericias y de las pruebas, permanece la historia de una joven de 31 años cuya vida quedó truncada y de una familia que todavía intenta comprender lo que pasó.