Esta semana, San Rafael amaneció con una nueva postal urbana: carteles que identifican cuáles son las calles y avenidas que dependen del Gobierno provincial. Una diferenciación que da cuenta de que las responsabilidades políticas parecen importar más que las soluciones concretas.
La iniciativa del gobierno de Omar Félix deja una pregunta inevitable: ¿era realmente esta la prioridad de la gestión municipal?
Porque mientras el Municipio destina tiempo y recursos a marcar cuáles son las calles que no le corresponden, buena parte de San Rafael sigue esperando que alguien se haga cargo de lo que sí está bajo su jurisdicción.
Hay calles municipales que todavía son de tierra, barrios donde cada lluvia se transforma en un problema de circulación y distritos que parecen haber quedado completamente fuera del mapa de las prioridades oficiales, como si no existieran. Lugares donde el abandono se volvió parte del paisaje y donde los vecinos acumulan promesas que nunca terminan de materializarse.
La situación no se limita al estado de las calles. En distintos sectores también persiste la expectativa por servicios esenciales que fueron anunciados y todavía no llegan. El gas, por ejemplo, aparece entre las promesas que quedaron en suspenso. Con la llegada de los meses de calor, el tema parece perder urgencia en la agenda pública, pero para quienes siguen esperando una conexión domiciliaria el problema continúa siendo exactamente el mismo.
Y hay otra preocupación que no admite demasiadas demoras: la infraestructura para enfrentar las lluvias.
Con la proximidad de una temporada en la que los fenómenos asociados a El Niño encienden las alertas por posibles precipitaciones intensas, los barrios más precarios siguen expuestos a quedar bajo el barro y sufrir las consecuencias de una ciudad que no siempre está preparada para responder ante una tormenta.
¿Dónde están las obras de drenaje? ¿Qué trabajos preventivos se están realizando? ¿Qué soluciones tienen previstas para los sectores que históricamente quedan aislados cuando llueve?
Son preguntas bastante más importantes que la necesidad de identificar con un cartel de quién depende cada avenida.
¿Les importa la gente o los laureles?
Porque el vecino que queda atrapado en una calle anegada no necesita saber a qué color político pertenece la jurisdicción. Necesita que alguien le garantice que va a poder salir de su casa, circular y volver sin quedar a merced del barro, los pozos o la intransitabilidad.
La discusión sobre las competencias entre Provincia y Municipio puede ser legítima. Cada administración debe hacerse cargo de las obligaciones que le corresponden. Pero una cosa es informar sobre las jurisdicciones y otra muy distinta es convertir esa diferenciación en una herramienta para deslindar responsabilidades frente a una realidad que golpea todos los días a los sanrafaelinos.
La gente está cansada de que el municipio le tire todas las pelotas al gobierno provincial. Cansada de los cruces políticos, de las explicaciones y de las responsabilidades que siempre parecen estar del otro lado.
Mientras tanto, los baches siguen ahí, las calles de tierra no desaparecen, los arreglos se multiplican sin resolver problemas de fondo y cada tormenta vuelve a poner en evidencia las falencias de infraestructura.
Porque gobernar no es solamente señalar lo que le corresponde al otro. También es hacerse cargo de lo propio. Y en muchos aspectos de San Rafael, esa sigue siendo una deuda pendiente.