En tiempos donde los aromatizantes de ambiente están por las nubes y llenos de químicos, los remedios caseros volvieron con todo. Si te sobraron las cáscaras del limón de la ensalada, ni se te ocurra tirarlas. Hervirlas con un poquito de jengibre es la solución definitiva para dejar tu hogar impecable, fresco y con ese aroma a "limpio de revista" que todos buscamos.
¿Para qué sirve esta "poción" mágica?
No es solo un mito de la abuela, la ciencia de la limpieza natural tiene su explicación. El limón contiene limoneno, un compuesto que despedaza las moléculas de grasa y humo que quedan flotando en el aire. Es el aliado número uno para después de cocinar pescado o milanesas porque el vapor neutraliza los olores pesados en minutos.
Además de ser una opción de aromaterapia de bajo costo, el limón aporta frescura y el jengibre le da ese toque cálido y picante que relaja el ambiente. Es ideal para prenderlo un ratito antes de ir a dormir o para disfrutar de una tarde de descanso. Lo mejor de todo es que aprovechás los restos de la cocina y evitás los sprays industriales que a veces te hacen estornudar más de la cuenta.
La receta: cómo preparar tu aromatizante natural
Es tan fácil que no tenés excusa. Solo necesitás tres cosas que seguro tenés a mano: cáscaras limpias de dos o tres limones, tratando de que no tengan mucha parte blanca, unas cuatro o seis láminas de jengibre fresco y un litro y medio de agua.
Para la preparación, poné el agua en una olla con las cáscaras y el jengibre. Llevalo a hervor y, apenas empiece a burbujear, bajá el fuego al mínimo. Dejalo cocinar entre diez y veinte minutos con la tapa apenas abierta para que el vapor perfume toda la casa. Si querés subir de nivel, podés sumarle una ramita de canela o unos clavos de olor para sentir que vivís en un hotel de lujo.
¡Ojo con el fuego! No te cuelgues con el celu. Controlá siempre que no se evapore toda el agua, porque si las cáscaras se queman, el olor a perfume se transforma en olor a quemado en un segundo.