Por primera vez en años, el Colegio de Abogados y Procuradores de la Segunda Circunscripción Judicial de Mendoza dejó de ser territorio de consensos silenciosos para convertirse en un campo de batalla abierto. Lo que históricamente se resolvía sin ruido, hoy expone grietas, pases de factura y una temperatura política que sorprende incluso a los propios protagonistas.
Este miércoles 22 de abril se llevará adelante el escrutinio para renovar el Directorio, pero el dato relevante no está solo en las urnas: está en el clima previo. Dos listas oficializadas, un escenario competitivo y, desde hace días, un fuego cruzado que escala sin freno.
Las acusaciones van de punta a punta: amenazas, operaciones, intereses personales y una politización que nadie reconoce del todo, pero que todos señalan. La paradoja es evidente: ambas listas tienen entre sus filas a funcionarios y dirigentes vinculados a distintos espacios políticos, lo que vuelve difuso cualquier intento de adjudicar "pureza" institucional.
El tono, lejos de moderarse, se endurece a medida que se acerca la votación. Puertas adentro, el diagnóstico es unánime: el clima "está que pela". Y lo que antes era una elección casi administrativa, hoy se vive como una disputa de poder en toda regla.
¿Por qué ahora? Esa es la pregunta que sobrevuela en los pasillos judiciales. Algunos hablan de un recambio generacional que busca romper viejas estructuras. Otros, de una caja de resonancia política que encontró en el Colegio un nuevo escenario de disputa. También están los que ven, simplemente, el desgaste de un modelo que durante años funcionó sin sobresaltos.
Lo cierto es que, más allá de quién gane, hay algo que ya cambió: el Colegio dejó de ser invisible. Y cuando una institución que administra poder, aunque sea simbólico, entra en modo campaña, lo que se pone en juego rara vez es solo una elección.